Vida diamante

No necesitaré ruedas
para alejarme del miedo.
No necesitaré alas
para cubrir estos anhelos.
Ya están mayorcitos,
y el abismo con su ceguera les mostrará el camino.

El hilo que nos unía
perdió uno de sus cabos.
La vida diamante
volverá a su meteorito.
Lo tenso no sabe morir,
ni los vivos sabremos nunca arrancarnos el corazón.

De todos los insultos
recordaré los que callaste.
Así todos los besos
hallarán su espejo deformador.
Cóncavos y convexos, los sexos beberán gasolina hasta saciarse.

Nota mental: mojemos todas las cerillas.

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Montaña y mar

De esas caricias sin roce,
dame mil.

Déjame despeinar,
el orden de tus rizos de sal.

Desde lo sagrado de tus honduras,
perdóname.

Me atrevo
a besarte en la locura de tu tempestad.

Somos hermanos antiguos del cosmos,
montaña y mar.

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Menos que nada

Sobrevivirá, dicen, el más temerario.

Los jóvenes se mueren por nuevas experiencias
mientras se imbecilizan con la sensación fatal.
Los viejos en bancarrota mueven sus hilos fofos,
dados de sí por el atropello banal de la confusión.
Los musculosos exprimen su día de domingo
cantando victoria en karaokes sin público.

¿Qué saborearán los ciegos sin olfato?
¿Qué prisión prefieres para tu jubilación?

La charca con ranas se vació de mirones y ya
la luna se refleja en los ojos a punto de llorar.

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¿Dónde está?

Nos quedamos a media vida,
inhalando rápido las luces del mediodía.
El destino hoy se vistió de Carnaval,
a la espera de aplausos y algarabía.

Los huesos se preguntan dónde,
dónde queda el ascensor directo al mar.
Y se arrastran lentos, hipnotizados,
bajo trajes de salitre y cal.

El otro barrio, la favela enamorada,
allí donde el amor brilla y promete,
se esconde entre latas y botellas.
Vacíos contenedores de ilusiones vacías.

La madre llega con la voz fuerte,
para eclipsar todos los micrófonos.
Su hijo muerto le tira de la falda.
Apaga el interruptor. El silencio grita dónde.

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Todos los mundos

Viaja, se retuerce
como zumo de nubes
entre las plumas de las águilas.

Vuela las fronteras
contando hormigas abajo,
haciendo acopio de amantes.

Sueña sin almohada,
sobre el duro blanco suelo,
nácar violento de cada sonrisa.

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