Soy

Soy viento despeinado,
Azote de los campos de trigo.
Soy hija de la dehesa,
Amarillo sin fin en día de verano.
Soy afluente sin cauce,
Reguero de lágrimas y risa clara.
Soy trino agudo de mujer,
Canto dormido sobre tierra mojada.
Soy de un país antiguo,
Colonia de lenguas de Babel en ruinas.
Soy una cigüeña sin nido,
Latido sordo de campanarios y torres.
Soy una montaña alada,
Aleteo de mariposas devorando buitres.
Soy piel de alcornocal,
Muda de serpiente bendecida por la piedra.
Soy lo que alcanza la vista,
Letras para quererme más cuando cae la noche.

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Cielo en blanco

Este cielo en blanco me recuerda el día en que estiré los brazos por última vez intentando tocar una nube.
Sabía que allá arriba se escondía, esa nube salvadora, esa red de hilos de seda virgen, ligera pero fuerte.
Y ese día mi alma se alzó, sobrevolando la ciudad de latón y piedra, un reposapiés gris de amargura.
Mi mano tijera lista para desnudar la metrópoli de artificios y cortarla por la línea de puntos de sus avenidas.
Era una tarde de playa, tumbada sobre las arenas doradas del tiempo, el reloj se dejaba broncear.
¿Alguien me escucha si grito desde esta bóveda clara? Dios, déjame tocar esa nube, no me hagas llorar.

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