La sombra del lago

En el filo de la ventana
que no corta la carne
sino el viento entre fuera y dentro.

Planto la barrera de luz
frente a cielos estrellados
y manos que no saben qué agua besar.

La naturaleza aplaude lejos,
se sacude las gotas de amor
y moja el sudario de tierra yerma.

Sobra una hoja en mi pelo,
vuela de mí hasta su muerte,
donde las vírgenes lloran sus hijos.

La sombra del lago convexo es
niña, mujer, anciana de plata,
tumba de todo lo que hizo y ya olvidó.

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Hoy no es mi cumpleaños

Recuerdo mi último cumpleaños,
la ilusión infantil hecha añicos.

Me contagié de un aliento viciado,
del derrumbe de unos ojos en vilo.

¿Sabes cuántos años cumples?
Los suficientes para seguir esperando.

“Es un día como otro cualquiera”,
pensé al dejar mi sonrisa entreabierta.

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Posesión

Permito que me poseas
porque no me pertenezco.
Lloro a escondidas
mas nunca me desbordo.
Sueño con una luna
que me muestre sus secretos.
Añoro tus defectos,
me atragantan tus virtudes.

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Jaula de estrellas

Picoteo la noche
como pájaro enjaulado.

Engullo estrellas
que derriten mis entrañas.

El fuego del universo
no sabe de relojes.

La duna gira a medianoche,
el cielo regresa a su cero.

Nuestras manos se entrelazan,
escriben un firmamento sin faltas.

En el principio y en el final,
la vida dentro, la vida quema.

Todo late en el espacio fuera,
un corazón caverna de desiertos y penas.

Pintemos los barrotes de azul nube,
miremos el abismo con la risa en las manos.

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La ciudad habla

Esta ciudad constipada
tose y escupe humo con alquitrán.
De ojos azules vidrio,
llora cual ciego vagabundo inmortal.
Su música de pisadas
inquieta el oído virgen de un bebé.
Duele su insomnio vulgar,
queman sus noches sin medida ni final.
La ciudad habla bajito,
congela su eco el trébol por brotar.
No desea epitafio,
solo un lecho de ruinas sin masticar.

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