Equilibristas

Equilibrismos tras el telón.
No es un ensayo más,
es la vida que se retuerce
entre nuestros pies.

Día tras día, la balanza calla
injusticias del otro lado
del mundo y de la mente.
Acariciamos el suave rojo.

Todo o nada, tópicos sin fin
bajan de nuestras cañerías,
de las venas taponadas
del tiempo y sus mareas.

No seremos revolución
hasta que asesinemos
todas las dudas que oxidan
nuestro juicio y poca moral.

Todos los gritos salvarán
la paz del caos de Dios,
de sus oídos recién nacidos
a la onda de nuestras caídas.

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La casa del mar

Un abanico de pinos
perfuma sus muros blancos.
Hay redes en el emparrado.
Caen flores, uvas, frenesí.

Los cangrejos se aventuran
al confort del algodón.
Sobre la cama, el frescor.
Arañas tejen sueños de sal.

La casa tiene heridas
abiertas por cuatro vientos.
El mar ruge, y su nana,
aquieta la subida del mar.

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La medida del destino

Mido el tiempo que me queda
en pasos, alientos, miradas que dar.

Sumo escalones a mi espalda,
como todos, no me siento especial.

Surco bosques, ríos, veredas,
perdida como pez que llega al mar.

Descubro las señas de mis padres,
esas que me dejaron al pecar.

Y guardo dentro solo una duda,
si las alas de fuego me dejarán volar.

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29 ñoquis

No soy del club,
no soy un esnob,
no nací junto a un saco de papas.

Pero estuve ahí,
donde se mezcló
Pantaleón con Pedro, Pablo y Monona.

Once veces al año
les crecen grumos
y salsas a las fuentes de ríos de plata.

La superstición
espera turno
bajo el día veintinueve de cada mes.

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