Petanca

Cada cual protege la suya,
la acaricia, la abrillanta,
la soba cual seno de mujer.

La arrojan muy lejos de sí,
pero no la pierden de vista,
en un tira y afloja del alma.

A lo lejos, todas lucen iguales,
baqueteadas, mordisqueadas,
mas cada una es historia única.

Una lleva cruces rojas pintadas,
polos sangrantes en que caer,
otra tres circunferencias cicatriz.

Hay quien se agacha para recogerla,
exhala un “ay” y la cadera cruje, otro
con cordón e imán, invoca la magia.

Llega ya el entretenido empate decisivo,
las distancias se miden y vuelven a medir,
no se permite margen al error ni a la pelea.

Al final se queda sola la bola más pequeña,
la intrusa, la jueza, la deseada y divina esfera.
Que nadie se olvide de ella, pues ella es el juego.

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Viaje

El desorden de los nombres
que no llegaremos a pronunciar.

Una nube se echa a dormir
y se deshace en mentiras.

Las líneas de la mano
llevan trenes de carga y culpa.

Tiempo y espacio chocan,
suceden misterios y milagros.

Todo lo desechado, en el andén.
Algún niño jugará con mis recuerdos.

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El mapa del corazón

Necesitarás un mapa
para moverte en mi corazón.
Las calles son infinitas
y hay pocas avenidas.

El tráfico es caótico
a cualquier hora del día.
No hay semáforos, pero sí
infinidad de ceda al paso.

Pero si logras superar
el laberinto de hormigón,
encontrarás una loma verde
desde la que respirar.

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Tratado sobre la invisibilidad

Surge la duda
en el centro,
en el mismísimo centro
del silencio.

Chirría quejas
la puerta oxidada,
incontables pasos sin fin,
dos giros.

El piso tiembla,
miradas arriba,
no queda nadie ya abajo
que respire.

Cada cual será
ave ignorante,
le dedica a su espejo
guiños inquietos.

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53 guitarras

Hechizadas,
dolorosamente únicas,
inservibles para otra melodía.

Cuerdas mudas,
ciegas al roce de las manos,
amantes devotas de su esqueleto.

Prohibidas,
nacieron para guardar polvo,
ignorantes de su perfecta belleza.

Piel madera,
sus poros exudan música,
entrañas vacías de la madre árbol.

Destrozadas,
culpables de inutilidad,
esperan junto al fuego su ocasión.

Su secreto,
la jaula dorada de notas,
robadas al mayor de los cuatro vientos.

Son mi sueño,
mi metáfora imprudente,
las guardianas defensoras de mi calma.

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