Te libero

Te libero, corazón mío.
Bate al ritmo de las olas,
sonríe a las gaviotas,
adéntrate en lo más frío.

Ya aprendiste suficiente,
suelto los hilos de la cometa,
sube todo lo que puedas
hasta quemarte lentamente.

Aquí yace tu recuerdo,
un altar con tu olor y sueños,
una puerta hecha con ventanas
abiertas a los nuevos vientos.

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Rocco

Desnudo de toda religión,
Rocco se viste y acicala de oro.
Camina compungido
sobre decenas de hombros.
No le queda amor
ni le faltan pestes que curar.
A pesar de la atención,
está solo y desamparado.
Y sueña con desesperación
otra lengua para sus heridas.

Me dieron tu imagen, Rocco,
hace ya un año, o quizás más.
Y hoy te invoco, lúcida,
por alguna misteriosa razón será.

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En partes

El latido en el dedo
le recordaba que seguía vivo.
Erguidos los pies,
buscando otra perspectiva.
El iris, su paisaje,
ventanas a nuevas huellas.
La mejilla bailaba
a la sombra de su recuerdo.
Las yemas, al viento,
dibujaban siluetas de nube.

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Coraje

No soy víctima de esta sociedad,
pero esta suciedad me impregna el alma,
ciega mi coraje de crecer,
de ser humana sin aparentar.

Quien lo pone difícil es
ese ardor, esa rabia necia,
nacida de un útero inútil
mientras hilvano mis labios y callo.

Como la corriente del océano
que anhela la fugacidad del río,
así el agua dulce envidia el vaivén del mar.

Y en su encuentro
hay estrépito,
mas no felicidad.

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