Retrato de mar

El acantilado de carne llegaba hasta la playa,
la hacía suya ondulándose y curvándose
sobre las dunas.

Su pelo, olas antiguas que, saltarinas, llegaban
del epicentro mismo de todos los océanos.
Despeinado apenas.

Suave, tibio y atemporal, cual arena recién mojada
por los primeros rayos de sol del nuevo día.
Moreno de sal.

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Camino sin ruido

Hay un camino sin ruido
en el que no estoy.
Uno sin peso ni calor.
En el que el frío en su transparencia acalla todos los gritos.

Hay una vereda verde donde
el agua moja los pétalos
en su desnudez impía.
Vereda que se lanza en una curva de largas luces tangentes.

Hay una senda de paz
transitada por nadie,
imaginada por todos.
Una bajo nuestros pies que, en vez de recorrer, pisoteamos.

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Bajo el mismo sol

Los pasos vencidos,
zapatos derretidos.
Sirena quiebra,
y el silencio se desvela.

Marea de coches,
peleas y derroches.
Dice la leyenda
que no somos los que cuentan.

Bajo el mismo sol,
sobre el mismo latido.
En la misma prisión
todos buscamos un sentido.

Arterias descorchadas.
amantes sin medida.
Desnudan las paredes
los gritos y bocinas.

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Como serpientes en un agujero

Siempre hay un él.
Llámalo deseo, llámalo el otro, llámalo espejo.

La fuerza que te impulsa a dejar la tierra que te parió,
a dejar entre paréntesis tu sangre y tu memoria,
a renacer entre carnes de otros tonos y pesos.

Siempre hay un él
que nos golpea con su verdad cálida e hiriente.

En el viaje aprendemos a borrarnos las fronteras,
nos desdibujamos los contornos de comodidad,
mudamos la piel como serpientes en un agujero.

Siempre hay un él.
Siempre hay un yo dentro luchando por vivir.

(Diaan ci biir pakh)

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Sin respuesta

Una grieta.
Un resquicio.
Una ventana.
Un hilo de luz.
Una puerta abierta.
Un alma de par en par.

Un tira y afloja con uno mismo.
Un viento que no trae respuestas.

A veces, el tiempo permanece mudo.

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