Lomo de dragón

Toda ella es una curva serrada,
dientes viejos de sonrisa precoz,
boca que todo lo engulle y que nada oculta.

En ella cada camino es un desvío,
una invitación a mirar lento,
a respirar antes de caer en su mordida.

Esta bestia te atrapa en su centro,
corazón vetusto de lava y alma negra,
para cargarte después en su lomo de dragón.

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Retrato de mar

El acantilado de carne llegaba hasta la playa,
la hacía suya ondulándose y curvándose
sobre las dunas.

Su pelo, olas antiguas que, saltarinas, llegaban
del epicentro mismo de todos los océanos.
Despeinado apenas.

Suave, tibio y atemporal, cual arena recién mojada
por los primeros rayos de sol del nuevo día.
Moreno de sal.

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Todos los mundos

Viaja, se retuerce
como zumo de nubes
entre las plumas de las águilas.

Vuela las fronteras
contando hormigas abajo,
haciendo acopio de amantes.

Sueña sin almohada,
sobre el duro blanco suelo,
nácar violento de cada sonrisa.

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Importantes

Somos tan importantes,
inmensos en nuestra gran piel,
en este gigantesco caparazón.

Qué importantes somos
y qué pequeña nuestra sonrisa.

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Mueca

No quería convertirse en ella,
en una mueca,
otra de esas tan manidas y presentes.

A caballo entre el disgusto,
la reprobación,
y la sempiterna y oscura decepción.

En cada ocaso de luz y piel,
rezaba queda,
esperando relajar arrugas en su cara.

La culpa es de los demás,
decía el espejo.
Y ella asentía, guiñaba, gesticulaba.

Así fue.

La mueca se mudó esta mañana.
Un sí definitivo.
Y el destino se burló al fin de su belleza.

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