Todo rebosa

Rebosa.
Todo rebosa.

Rebosan las ganas.
El encuentro de la piel
para los no creyentes.
De las almas.

Rebosa todo.
Y dentro deposita la nada
el vacío glorioso
de la unión y el sinsentido.

Rebosa pues
lo ya creado y lo por crear.
Me quedo con esa nada,
con lo que nos separa acaso.

Rebosa el aire,
respiro y vuelo.
Aprieto los ojos y abro las manos.
Reboso por los poros.

Me rebosa.
¿Será esto felicidad o su fin?

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Veloces

Nos deslizamos veloces
sobre nosotros mismos.
Acariciamos imágenes,
píxeles efímeros.
Los de cualquier desconocido,
o los nuestros.
Nos apropiamos de almas,
escudados en la distancia.
Anhelamos sonrisas
y esquivamos pesares.

Pero,
que nadie nos amargue el día.
¡Faltaría más!

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No más besos

Con la verdad por delante,
con la verdad fea, incómoda.
Ven con la verdad que duele,
y si no me hiere, mejor no vengas.

Con besos que me derritan,
con los labios abiertos, libres.
Dame besos nuevos, puros,
y si no lo son, mejor no me beses.

Queda todo el universo por recorrer y besar.
Queda la esencia de nuestras almas por destilar.
Quedamos tú y yo, en estos cuerpos o en los siguientes.
Quédate, ya el tiempo se agota y el creador descansa ya.

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Río blanco

En un río blanco como ese
encontré la corriente oculta
del mar de los deseos.

La piel, húmeda de luz,
sorbía el roce de las almas,
algas de fuego derretidas.

Ya no existía el tiempo,
disuelto como estaba
en memorias de agua.

Brillos, susurros, goces
de antes de conocernos
y de futuras miradas.

En un río blanco como ese
se hunden las generaciones
que aman sin saberlo.

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Pintando margaritas de blanco

La tinta de este amor no se ha secado aún,
y ya andamos dibujando sonrisas en otras almas.

Son ríos de luz los que separan tu orilla de la mía.
Hay un techo de cuervos velando nuestros recuerdos.

Es un imán sin reloj, un tiempo hundido en la arena,
y vamos perdidos, sin rumbo, pintando margaritas de blanco.

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