Noche en el bar

Se cuela la noche en el bar,
el bullicio sale a recibirla.
Cuelgan restos de nostalgia
de entre las copas de balón.

Llueve lento pero sin pausa.
En la puerta, el ficus-vigía
se estremece, sacude el frío.
La calle es un río tranquilo.

El aroma de café recién molido
se impone sobre los diálogos.
Una luz naranja tiñe el interior,
clareando soledades olvidadas.

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De espaldas

Espalda contra espalda
Somos dos en un bar
Trago después del mal trago
Ilusiones que mojar

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Un te amo

Dos cafés. Un bar. Una mesa cerca de la ventana, a la vista de los transeuntes y de los clientes.

Explícame que pretendías decir con ese te amo. Sabes que esas son palabras mayores. Yo amo pocas cosas. Amo a mi madre, a algunos miembros de mi familia, bueno, ya sabes cómo son, a mi sofá, a… a mí. Me amo, sí. Y no me sobra mucho amor al final del día. No para ti.

El silencio afiló sus garras. Las conversaciones de las otras mesas enmudecieron. Sus latidos giraban a la velocidad de su cucharilla en la taza. Alzó la mirada. Las pupilas de ella dos grandes puntos de interrogación.

No sé. Mmmmm… No le des importancia. Son cosas que se dicen. En las películas. Se me habrá pegado de escucharlo en algún lugar. Olvídalo. ¿Qué película íbamos a ver?

El bar cobró vida de nuevo.

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