En espera

Fuera, una primavera explosiva,
radiante, me llama a gritos.
Y yo me vuelvo chiquitita,
embrionaria apenas,
escondida bajo una manta.

Sí, hace sol en la calle,
pero la calle no es una posibilidad.
Milagrosamente no paso calor.
Entrelazo mis pies, mis manos,
me curvo entera, sin aristas.

El trinar de los pájaros silencia
miedos, caos y hastíos.
En la otra ventana el cielo
se impone altanero.
Nubes grises aguardan su turno.

Es la hora del almuerzo
y en el gran patio batallan
aromas de loción solar y paella.
Vence el costumbrismo
de unas vacaciones infantiles.

Bajo mis pies, un mar verde,
ondulante y silencioso.
Palomas curiosas picotean
entre mis dedos. Tras los aplausos
solo queda una. Sorda, quizás.

El mirlo en el alfeizar parece llevar
el sol en su pico. Canturrea confiado,
no me ve. Luego se abalanza
sobre unas despistadas flores,
roza leve su pecho contra el lila.

Todo queda fuera.
En espera.

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Mentira

Hubo un día que parió una mentira.
Y la mentira tejió sus raíces en el cielo.
Puso el mundo a los pies de su vanidad.
Y llegó alto con su visión de hormiga.

Lo más alto posible,
hasta creerse poderosa.

Hubo otro día que una mentira murió.
Y su savia de horas blancas besó el mar.

Al fin
nació una verdad.

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En ruinas

La noche me muestra sus ruinas,
su techo abisal,
las grietas alegres del paladar.

La noche termina de empacar.
Los ojos del ancla
la escoltan hasta el fin del mar.

La noche se desnuda de fronteras,
de banderas y sal.
Duerme el guarda su única verdad.

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No, nada, nadie

Sonríes frente a la pantalla.
Sin alma.
Ya sabes que es solo un muro.
Te miro.
Asciende mi risa y estalla.

Hace semanas que sientes de más.
Y, joder,
no, nadie parece enterarse.
Neblina,
fantasma en el jardín de atrás.

El cielo te roza las pestañas.
No llores.
Hoy tu corazón se paralizó.
Respira.
Quiebra esa defensa mañana.

Si quieres nos desgastamos acá.
Profundo.
En la intersección de vacíos.
Ligeros.
Desbordándonos, locos sin atar.

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Cielo de olas

Viví en unos ojos
que contemplaban
una tierra
cegada de paz.

Navegué el mar
que fue río
y antes furia
que quiso volar.

Icé mis alas
al todopoderoso
cielo de olas
y eché a nadar.

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