Todo en orden

Amo las sombras
como parte de la luz que se resiste.

Amo esta ciudad
que te regala la paz de un amanecer
y te arrebata,
diez minutos después,
la esperanza y la vida.

Aún así,
todo en orden.

El silencio entre un padre y un hijo
que bajan juntos a desayunar.
Los sueños de gloria y riquezas
de una señora que apuesta su pensión
en las máquinas tragaperras del bar.
La mirada ciega del camarero
que no sabe qué día es hoy.

Hoy no es día de partido.
Hoy no ha habido sucesos que comentar.
Hoy es un día para olvidar.

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Bajo el mismo sol

Los pasos vencidos,
zapatos derretidos.
Sirena quiebra,
y el silencio se desvela.

Marea de coches,
peleas y derroches.
Dice la leyenda
que no somos los que cuentan.

Bajo el mismo sol,
sobre el mismo latido.
En la misma prisión
todos buscamos un sentido.

Arterias descorchadas.
Amantes sin medida.
Desnudan las paredes
los gritos y bocinas.

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Verano

Grillos,
el aire caliente,
la piel quema la tierra.

Niños,
las madres confían
en veranos eternos.

Caos,
orden imposible
en la arena del mar.

Besos,
víctimas de la pasión,
las hormonas al viento.

Neón,
las luces rosadas
se pierden en la ciudad.

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Apocalipsis

La ciudad se sacude
el laberinto del lomo.
Las piezas se mueven
hasta ajustar la hora.

Los edificios se derriten,
ríos de agua sobre asfalto.
Quedan solo naufragios,
los turistas del miedo.

El apocalipsis ya pasó,
el fuego duerme ahora.
Y los pájaros insomnes
buscan nidos nuevos.

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La ciudad habla

Esta ciudad constipada
tose y escupe humo con alquitrán.
De ojos azules vidrio,
llora cual ciego vagabundo inmortal.
Su música de pisadas
inquieta el oído virgen de un bebé.
Duele su insomnio vulgar,
queman sus noches sin medida ni final.
La ciudad habla bajito,
congela su eco el trébol por brotar.
No desea epitafio,
solo un lecho de ruinas sin masticar.

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