Lomo de dragón

Toda ella es una curva serrada,
dientes viejos de sonrisa precoz,
boca que todo lo engulle y que nada oculta.

En ella cada camino es un desvío,
una invitación a mirar lento,
a respirar antes de caer en su mordida.

Esta bestia te atrapa en su centro,
corazón vetusto de lava y alma negra,
para cargarte después en su lomo de dragón.

Share Button

Insondable

Piedras, ramas, lecho, algas, vida. Las manos deseaban alcanzar el centro de la tierra y aquella vena de agua solo la arrastraba hacia otro centro diferente. Algunos kilómetros río abajo sentía el latido de los peces, las carreras incansables de los cangrejos en la orilla, la música de las gaviotas, el amor de las olas besando la orilla.

Se dio la vuelta. Era el momento de dejarse llevar por la corriente. Las palmas temblaron por el peso de los guijarros. Una libélula planeó a escasos centímetros de su mentón. Podía haberla besado de haberse incorporado en ese instante. Pero no. La placidez del agua bajo su cuerpo. Pequeñas ondas despeinaban y volvían a ordenar sus rizos. Cerró los ojos. Su madre lo hacía con el mismo cuidado. Y su hermano pequeño aprendió de ella, pero nunca supo evitar darle tirones cuando se le formaban nudos. Sonrió.

Pataleó fuerte en el agua. Aferró más fuerte las dos piedras en sus puños. Quemaban. Un pájaro se paseó entre las nubes, saltando del dragón a la sirena al niño-monstruo-calamar hasta posarse en un sauce de la ribera. ¿Qué hacían todas esas caras observándola? ¿Por qué sus bocas entreabiertas no articulaban palabra? Se puso en pie, alcanzó el vestido que colgaba de la rama más baja, descorrió la cortina de arpillera y mojó el óleo aún fresco con uno de sus rizos al pasar. El retrato ya no sería el mismo. Ella tampoco lo era ya.

Share Button