Mediodía en el parque

Hay un murmullo que se cuelga de las ramas
y una huella olvidada de bola de petanca.

El cielo se abre cuando cruza este oasis
y unos niños cambian su móvil por el fútbol.

Un billete falso aflora entre la arena de juego,
a salvo de las palomas y del peso del tiempo.

La duda se mece y ríe alto en el balancín,
al otro lado, sentada, la felicidad del hombre.

El vagabundo perdió también sus gafas aquí,
cada noticia en el periódico una caricia de letras.

Un café espera el vapor de la explosión del sol,
y también las mantas dobladas junto a la reja.

Los árboles se alinean para dejarnos su reposo,
variable sombra a sus pies, como el viento que me besa.

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Como si no

Voy a pensar en ti
como si aun no existieras,
transparente y puro,
amable e increíble.

Las horas pasarán
y te deslizarás en mis dedos
cual llovizna otoñal,
sagrada y fresca.

Eres mi vida ciega,
el amor que todo traspasa,
un cruce de almas
en la encrucijada.

En la hora dudosa,
volverás a crear en mí el sol,
como brisa que acaricia
la primera brizna.

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Juego de sábanas

A la deriva somos olas blancas,
ante el inmenso mar de una mirada,
bajo el roce leve de tu carne seda.

Cabe tu beso se encuentra la pasión,
con las manos te templo el alma,
contra el tiempo pierdo mi sexo.

De nuevo soy reflejo de tus lágrimas,
desde el balcón de tu pelo caigo
en la marea furiosa de un abrazo.

Entre sábanas empezamos el camino
hacia nuevas tierras indómitas,
hasta un horizonte de piel plena.

Para nosotros será siempre un juego,
por la risa, por la vida, por la muerte,
según un evangelio pisoteado.

Sin duda somos aprendices de sombras,
so pena que la noche nos alcance
sobre las ascuas del día, aún bailando.

Tras el alma me postro como sed en llamas.

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Ansiedad

Ese vacío que chupa el alma,
la adicción bonita,
la casta puta.

Es nuestro vicio del plural,
de los antiguos sinsabores,
de cadenas carnales.

Sirve un abrazo como hechizo,
como duda última y maltrecha,
un hoy eterno.

Lluvia sobre mentes secas,
charcos en los laberintos,
rodeos que transitar.

Sin culpa no hay mundo,
sino hambruna para la cerrazón,
sigilosa en su grito cegador.

La tuya, las mías, las de todos.
Ese peso, sin más contrapeso
que una dieta de amor.

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El lado oscuro

El lado oscuro del corazón
Ve crecer las sombras sin ti.

El lado oscuro de la razón
Te ama a ciegas, destila brea.

El lado oscuro de Madrid
Te envidia el sueño bajo los puentes.

El lado oscuro de mí eres tú,
Ave de paso a contracorriente de la bandada.

El lado oscuro de ti soy yo,
Duda caída del nido, silencio y emoción.

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