La sombra del lago

En el filo de la ventana
que no corta la carne
sino el viento entre fuera y dentro.

Planto la barrera de luz
frente a cielos estrellados
y manos que no saben qué agua besar.

La naturaleza aplaude lejos,
se sacude las gotas de amor
y moja el sudario de tierra yerma.

Sobra una hoja en mi pelo,
vuela de mí hasta su muerte,
donde las vírgenes lloran sus hijos.

La sombra del lago convexo es
niña, mujer, anciana de plata,
tumba de todo lo que hizo y ya olvidó.

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En el filo

Una sonrisa no basta para evitar el desencanto
Dibujos en el aire cargado de humo y carmín
El ensueño de saberse libres solo dentro
Las máscaras poliédricas de la ceguera.

Gime más fuerte, vida, hasta el orgasmo
Que se escandalicen los vecinos enfrente
Desgarra las cortinas de luz triste
Derrota las pequeñas muertes cada vida soñada.

En cada puerto dejamos una victoria
En cada gemido olvidamos lo que no seremos
Unos pájaros en busca de nubes azules
Espejismos de aire en caída libre.

Ya nos corta el filo del abismo la córnea
Funambulismos visuales, refranes ópticos
Perjurios de la rabia incandescente
Subidas y bajadas en mareos exquisitos.

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Medianoche

Es medianoche y me despierto. Ya no estás. Fuiste un sueño corto, profundo, mas leve cual filo de guadaña.

Es medianoche y ya da igual. Las estrellas brillan más naranjas que nunca. Se escapa una lágrima de su redil.

Es medianoche y vuelvo a la vida. Se ha deshecho el conjuro. Hay que sacar brillo de nuevo a la bola de cristal.

Es medianoche y escribo. Y ya no es medianoche. Es mañana sin amanecer. Es un día sin caricias. Saco un beso del cajón.

Es medianoche en cualquier lugar. Cierro los ojos y tú los abres. Es tu turno. Es tu noche. Era mi medianoche.

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