En espera

Fuera, una primavera explosiva,
radiante, me llama a gritos.
Y yo me vuelvo chiquitita,
embrionaria apenas,
escondida bajo una manta.

Sí, hace sol en la calle,
pero la calle no es una posibilidad.
Milagrosamente no paso calor.
Entrelazo mis pies, mis manos,
me curvo entera, sin aristas.

El trinar de los pájaros silencia
miedos, caos y hastíos.
En la otra ventana el cielo
se impone altanero.
Nubes grises aguardan su turno.

Es la hora del almuerzo
y en el gran patio batallan
aromas de loción solar y paella.
Vence el costumbrismo
de unas vacaciones infantiles.

Bajo mis pies, un mar verde,
ondulante y silencioso.
Palomas curiosas picotean
entre mis dedos. Tras los aplausos
solo queda una. Sorda, quizás.

El mirlo en el alfeizar parece llevar
el sol en su pico. Canturrea confiado,
no me ve. Luego se abalanza
sobre unas despistadas flores,
roza leve su pecho contra el lila.

Todo queda fuera.
En espera.

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Descubrir, aprender, saber

Hoy descubrí que el ruido
es el arrullo del silencio.
Que las prisas son el mejor
abono para nuestras raíces.

Aprendí la vulnerabilidad
que nos hermana con las flores.
Que el agua es la sed pura
de la nube en mi puerta.

Hoy supe que los muros de piel
son los más difíciles de derrumbar.
Que los árboles tienen cosquillas
y los besos no dados pesan más.

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Jardín secreto

Se enredan las noches
en el perfume de los días.
Paseo de incógnito mis huellas
hacia el recodo más umbrío.

Me encierro allí, donde
la libertad es más húmeda,
donde raíces acarician mi pelo
y calman mi insomnio.

Son ya varias veces
que regreso fiel a mi cita
en el jardín secreto, a charlarme
hasta quedar dormida.

Es tan bello este sueño,
verde, tan fresco el crepitar
de lágrimas sobre alfombras de flores,
que no quiero despertar.

No quiero más amaneceres
en mitad de la noche, no más
flores cortadas en su plenitud, no más
secretos. Explosión de jardines.

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Buscando la sonrisa

Llevo días buscando la sonrisa.
Entre las sábanas restos de sexo fresco,
las tragedias urbanas sobre la brisa mojada.

Desclavo de la pared mis pupilas,
cuelgo mi futuro justo ahí, ardiendo,
para que ningún ladrón ose jamás llevárselo.

Camino abajo y arriba y
el rumbo es mi sabia, tosca indecisión.
Nadie sigue a una loca que sabe donde va.

Entre adoquines, flores marchitas,
con polen seco estornudaré ahoras
que serán pasado en cuanto gire y me pierda.

El espejo vocea: «¡Ven, deprisa!
Encontré la sonrisa, tu risa, tu vida.
Asómate. Abre tu mano, acepta el regalo.»

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Testamento

En mi testamento dejaré
todas las palabras que no quisiste oír,
todo el sudor de mis uñas
y las lágrimas de mi vientre.

Todo lo que puedo legar
cabe dentro de una caricia palpitante,
una armadura de piel,
un eco de buenos días.

Mi última voluntad será
que tu silencio escuche mi postrer aliento,
viento de flores caducadas
en jaulas doradas por el sol.

En mi próxima vida veré
el fondo del mar que no me atreví a cruzar,
los tesoros ocultos detrás
de la sombra de tus ojos.

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