La ciudad habla

Esta ciudad constipada
tose y escupe humo con alquitrán.
De ojos azules vidrio,
llora cual ciego vagabundo inmortal.
Su música de pisadas
inquieta el oído virgen de un bebé.
Duele su insomnio vulgar,
queman sus noches sin medida ni final.
La ciudad habla bajito,
congela su eco el trébol por brotar.
No desea epitafio,
solo un lecho de ruinas sin masticar.

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Esta ciudad

Esta ciudad me duele en cada poro,
en cada mirada perdida, en cada beso furtivo.

Esta ciudad me quema los pasos,
la figura de esqueleto bajo mi floreado vestido.

Esta ciudad recuerda sus campos,
su anillo de compromiso verde, su no destino.

Esta ciudad se esconde en el humo,
tras el maquillaje de las aceras y cuchicheos del vino.

Esta ciuda me alimenta el Eros,
engorda mis contradicciones, me convierte en niño.

Esta ciudad juega con mis miedos,
parpadeo en su luz infinita, lloro su río.

Esta ciudad se tragará sus escudos,
su visión de neonato, su saludo de gato frío.

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En el filo

Una sonrisa no basta para evitar el desencanto
Dibujos en el aire cargado de humo y carmín
El ensueño de saberse libres solo dentro
Las máscaras poliédricas de la ceguera.

Gime más fuerte, vida, hasta el orgasmo
Que se escandalicen los vecinos enfrente
Desgarra las cortinas de luz triste
Derrota las pequeñas muertes cada vida soñada.

En cada puerto dejamos una victoria
En cada gemido olvidamos lo que no seremos
Unos pájaros en busca de nubes azules
Espejismos de aire en caída libre.

Ya nos corta el filo del abismo la córnea
Funambulismos visuales, refranes ópticos
Perjurios de la rabia incandescente
Subidas y bajadas en mareos exquisitos.

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