Vida puta

Si todo lo que tomo son frases usadas,
ya nada virgen destrozará mis ganas.
Fuerza tu candado, muere tu resaca.
En esta vida puta se llora y no se calla.

De lo que me dices a lo que haces
ya no queda presa viva, ni telaraña.
De lo que prometes, el juego sabe
que yo me quedaré si no te engañas.

Son estos días que pasan rápido
gasolina de futuras templanzas.
Fuego y muerte, unidos a pespuntes.
La vida no pregunta, rasga y se marcha.

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Mediodía en el parque

Hay un murmullo que se cuelga de las ramas
y una huella olvidada de bola de petanca.

El cielo se abre cuando cruza este oasis
y unos niños cambian su móvil por el fútbol.

Un billete falso aflora entre la arena de juego,
a salvo de las palomas y del peso del tiempo.

La duda se mece y ríe alto en el balancín,
al otro lado, sentada, la felicidad del hombre.

El vagabundo perdió también sus gafas aquí,
cada noticia en el periódico una caricia de letras.

Un café espera el vapor de la explosión del sol,
y también las mantas dobladas junto a la reja.

Los árboles se alinean para dejarnos su reposo,
variable sombra a sus pies, como el viento que me besa.

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Invierno

Me siento con las hojas,
secas y húmedas
a partes iguales.

El otoño se retuerce
en sus comisuras.

No hubo delito,
no queda savia en sus venas.

La suerte no es
de las que aun cuelgan,
funambulistas del viento.

Es de las que juegan
con mi pelo.

Improvisada
diadema de colores.
Bienvenida al invierno.

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Juego de sábanas

A la deriva somos olas blancas,
ante el inmenso mar de una mirada,
bajo el roce leve de tu carne seda.

Cabe tu beso se encuentra la pasión,
con las manos te templo el alma,
contra el tiempo pierdo mi sexo.

De nuevo soy reflejo de tus lágrimas,
desde el balcón de tu pelo caigo
en la marea furiosa de un abrazo.

Entre sábanas empezamos el camino
hacia nuevas tierras indómitas,
hasta un horizonte de piel plena.

Para nosotros será siempre un juego,
por la risa, por la vida, por la muerte,
según un evangelio pisoteado.

Sin duda somos aprendices de sombras,
so pena que la noche nos alcance
sobre las ascuas del día, aún bailando.

Tras el alma me postro como sed en llamas.

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Rincones

Rincones de la mente por barrer.
El juego de las sillas me obligó
a permanecer alerta y no olvidar
que no hay sitio para tanto pesar.

La locura se alimentó del vacío.
Hay noches breves que no me tientan,
ni con sus estrellas a toda potencia,
ni con su estruendo implacable de mar.

Ruedas felices que no conocen la meta.
Todo lo bello me hizo dudar de mí,
de mi capacidad de sentir lo frágil
del mundo, la gloria del alma al caer.

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