Noche en el bar

Se cuela la noche en el bar,
el bullicio sale a recibirla.
Cuelgan restos de nostalgia
de entre las copas de balón.

Llueve lento pero sin pausa.
En la puerta, el ficus-vigía
se estremece, sacude el frío.
La calle es un río tranquilo.

El aroma de café recién molido
se impone sobre los diálogos.
Una luz naranja tiñe el interior,
clareando soledades olvidadas.

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Padre

Padre, llevo muchos días
queriendo besar tu nombre.
Tu memoria me desgasta
la risa y la alegría.

Padre, no puedo vivir más
perdonando a un fantasma.
Te veo en todas partes,
mas no en las pupilas de lo amado.

Padre, escucha el torpe
grito del hilo de sangre.
Desenreda esta lluvia de sombras,
sopla en el remolino del viento.

Padre, borra ese círculo
perfecto que nos amordaza.
Veo ya tu débil sonrisa.
Ahora haz reír a los pájaros.

A Nicolás Pulido

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Ansiedad

Ese vacío que chupa el alma,
la adicción bonita,
la casta puta.

Es nuestro vicio del plural,
de los antiguos sinsabores,
de cadenas carnales.

Sirve un abrazo como hechizo,
como duda última y maltrecha,
un hoy eterno.

Lluvia sobre mentes secas,
charcos en los laberintos,
rodeos que transitar.

Sin culpa no hay mundo,
sino hambruna para la cerrazón,
sigilosa en su grito cegador.

La tuya, las mías, las de todos.
Ese peso, sin más contrapeso
que una dieta de amor.

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Sin permiso

Miré al cielo
para comerme la luz
que llovía sin permiso.

Desnuda de ecos
por fin, abrí mi alma
a una verdad cualquiera.

La nube mentía,
poderosa en su reino,
de corazón a pez pájaro.

Solo esta vez,
no me niegues la foto,
el momento sublime y leve.

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Hechos

Hechos, dadme palabras.
Estoy sola ante vosotros,
dueños de vuestro destino y del mío.

Salida, muéstrame tu puerta.
Traigo el alma cansada
de merodear esta casa sin ventanas.

Viento, invítame a tu hogar.
Llevo alas inmaculadas,
amantes del sol y de la lluvia nuevas.

Navegante, súrcame la vida.
Abandono un silencio atroz
en cada puerto que no me ilumina.

Luna, escóndeme tu verdad.
Cubro mi melena de agua,
me agita cada mirada de mariposa.

En cada fractura, una cima.
En toda alma, la unión.
Hombre y mujer y rosa y espina viva.

Para Arturo Murguia.

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