Somos dos

Somos, por lo menos, dos
ocupando más espacio,
rabiosamente estupendos,
o haciéndonos chiquititos,
insignificantes,
sombra y luz,
en la oscuridad del alma
o en la claridad de la piel.

Pensar desde la dualidad
no ayuda a posicionarse,
tampoco a levantar el vuelo.
Tiempos pasado y futuro,
insensibles,
parciales,
grisean el cariz del presente,
fiscales contra seres fugaces.

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Todo en orden

Amo las sombras
como parte de la luz que se resiste.

Amo esta ciudad
que te regala la paz de un amanecer
y te arrebata,
diez minutos después,
la esperanza y la vida.

Aún así,
todo en orden.

El silencio entre un padre y un hijo
que bajan juntos a desayunar.
Los sueños de gloria y riquezas
de una señora que apuesta su pensión
en las máquinas tragaperras del bar.
La mirada ciega del camarero
que no sabe qué día es hoy.

Hoy no es día de partido.
Hoy no ha habido sucesos que comentar.
Hoy es un día para olvidar.

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Sin respuesta

Una grieta.
Un resquicio.
Una ventana.
Un hilo de luz.
Una puerta abierta.
Un alma de par en par.

Un tira y afloja con uno mismo.
Un viento que no trae respuestas.

A veces, el tiempo permanece mudo.

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Cae la nieve

Cae la nieve.

Hojas en blanco que nadie escribirá.
El frío se peina las huellas resecas.
En la noche la tierra busca a tientas
al poeta ciego que escriba su alegría.

Gime la luz.

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Los ojos del río

Niña, te tomo prestada la palabra,
la vista, el oído y el corazón.

Ya sé que no es este tu río,
lo sé, tú nunca tuviste uno.

Pero niña, ayúdame si puedes.
Cierra los ojos, sumérgete aquí.

¿Qué ves? Anda, niña, quiero
bañarme en tu limpia mirada.

«Veo un río de estrellas».
¿Solo, mi niña? No me hagas sufrir.

«No, no temas, no lo haré…
Escucho grillos en la lejanía.

Dentro del río olor de adelfas,
gotas de néctar sobre mis dedos.

Siento una mano en la mejilla,
el principio de un abrazo.

Un dedo me indica abajo un carro,
mas prefiero unir las líneas de mi mano.

Hace frío aquí en el manto de luz y
me hago chiquita hasta ser solo grito.

Alguien volvió a pedir un deseo,
todo se alborota y se mueve veloz.

¡Ah! Mira qué guapa se puso la luna.
El viento cesó, ella se mira en el río.

Se terminó el abrazo, ya me diluyo.
Salgo del río, mi madre me seca».

¿Es eso todo lo que ves, niña mía?
«Sí, ya mi corazón contigo regresó».

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