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Se me olvida que todos tenemos un nombre,
no solo piel y arrugas, no solo voz.
Se me olvida que lo que nos define
son letras pronunciadas en alto.

Me llamo Adolfo,
es nombre de actor,
¿lo sabías?

Se me olvida que rara vez dejamos de actuar,
frente al espejo, frente al amor.
Se me olvida que incluso las nubes
son paisaje portátil de alquiler.

Me llamo Montaña,
es nombre de desafío,
¿te atreves?

Se me olvida que la carne está hecha de roca,
con grietas de sangre y aire puro.
Se me olvida que late el polvo
en las entrañas blancas del hueso.

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En partes

El latido en el dedo
le recordaba que seguía vivo.
Erguidos los pies,
buscando otra perspectiva.
El iris, su paisaje,
ventanas a nuevas huellas.
La mejilla bailaba
a la sombra de su recuerdo.
Las yemas, al viento,
dibujaban siluetas de nube.

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Paisaje carnal

Una foto es una inundación.
Esa, en concreto, expiación.
Grises los tonos, los perfiles,
Procesión de almas sin rumbo,
Paisaje de carne.
Una vuelta a lo por repetir,
Un regreso a los pocos miedos.
A la altivez de la felicidad,
Al embrión de dos manos en flor.

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Oscuras mañanas

Miro el silencio a los ojos
Gana seguro
Siempre pestañeo palabras.

Quiero hablarle de vos
De tu nube
Los paisajes que muestras.

Sueño de rostros abiertos
Sonrisa fácil
Puño enamorado a rastras.

Recuerdo un vacío de poros
Abrazo partido
Una piel para cada acera.

Mato el yo que duerme solo
Forma confusa
Melaza de oscuras mañanas.

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Luz naranja

Ayer vi pasar una sombra naranja
Conjunto de moléculas de otro tiempo
Otro lugar poco común, visible solo a ojos cerrados

Me despertó con su vuelo fugaz
En huida silenciosa, dedos fríos de ardor
Tarareaba una canción disuelta en lágrimas

Hoy la busqué con melancolía
Y la encontré en tus ojos de fuego
Creando tormentas de iris en paisajes de agua

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