La mujer del vampiro

Bellos son sus ojos,
y bello el reverso de su piel.

Él lo sabe, conoce bien
cada milímetro de herida.

De noche, solo sangre,
no existe cuerpo ni alma.

La pasión, al amanecer,
se duerme con nanas frías.

Otra vez en la muerte,
el mundo espera su beso.

La mujer del vampiro
desea ser torpe y reír fuerte.

Quiere caer en el sonido
de la luz amable, y morir.

Morir o vivir, da igual,
tan solo mutar en intangible.

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Verano

Grillos,
el aire caliente,
la piel quema la tierra.

Niños,
las madres confían
en veranos eternos.

Caos,
orden imposible
en la arena del mar.

Besos,
víctimas de la pasión,
las hormonas al viento.

Neón,
las luces rosadas
se pierden en la ciudad.

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Juego de sábanas

A la deriva somos olas blancas,
ante el inmenso mar de una mirada,
bajo el roce leve de tu carne seda.

Cabe tu beso se encuentra la pasión,
con las manos te templo el alma,
contra el tiempo pierdo mi sexo.

De nuevo soy reflejo de tus lágrimas,
desde el balcón de tu pelo caigo
en la marea furiosa de un abrazo.

Entre sábanas empezamos el camino
hacia nuevas tierras indómitas,
hasta un horizonte de piel plena.

Para nosotros será siempre un juego,
por la risa, por la vida, por la muerte,
según un evangelio pisoteado.

Sin duda somos aprendices de sombras,
so pena que la noche nos alcance
sobre las ascuas del día, aún bailando.

Tras el alma me postro como sed en llamas.

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Cenicero de pasiones

El amor se desgasta de tanto tironear la pasión
De medir cómo crecen de rápido sus uñas
De moverle las latitudes sin notificación

Cuida mi alma y te regalo un beso imborrable
Rojo, solitario, digno de un rey vagabundo
Solo quedará de mí un hambre insaciable

Toda música se crea en oídos ajenos
Todo amor es barro, arcilla de divinidades
Amorfo cenicero de pasiones y celos

Te deseo vida después de que apagues
La soledad infinita que hoy es tu colchón
Mañana será horizonte de muchas muertes

A Gustavo Cerati

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