Arañas en el ombligo

Arañas en el ombligo, hilos de vida. Bésame ahí donde sacudieron sus patas las arañas. A la entrada de la cueva no hay ojos que te vigilen. Eres libre de entrar. Eres libre de tener miedo. Eres libre de invocar a la fiera.

Arañas en el ombligo, piel mancillada. Deja caer pétalos sobre sus ojos. La luz es su pesadilla. No existe un camino, solo una planicie de piel lechosa infinita. Estás atrapado en tu libertad. Estás armado. Di lo que sientes.

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Dedicado

Cuando viste de negro ella es toda pupila. La luz se arremolina en torno a sus brazos, masajea su cabeza y la pinta de siete colores cambiantes y conocidos.

Ella guarda sus manos en los bolsillos del pantalón. Sus membranas de paz se perderían entre la multitud.

Duerme con el reflejo del sol en la mesilla de noche. Gira el arco y la flecha apunta directa a las pesadillas que están por nacer.

Ella conoce el veneno que apacigua los ojos. Habla entre pausas de diafragmas antiguos.

Tiene el alma vieja de sufrimientos refractarios y destila un dulce irisado invisible a ojos mortales.

Los rayos luminosos de algún Dios intentan opacar su libertad, pero ella es el iris que nada ve pero todo colorea de amor.

Ella fue dolor permeable. Ahora juguetea con la posibilidad de ser pensamiento sin memoria en las alturas indefensas de nubes y mares.

Mírate, no busques más. Ella está ahí contigo sobre la fría piel irisada del espejo.

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