Mujer, día y noche

Llegó el día en que el espejo no alcanzaba,
tan lleno de risas estaba.
Rebosaba la felicidad como río de plata.

Llegó la noche sublime de luz infinita,
sueños de hielo embravecido.
Ceguera sorda de los mil colores.

Llegó la mujer, una criatura sin rostro,
y se miró en el espejo vivo.
Deseó ser feliz con esas migajas.

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Río hombre

A tu lado
me convierto
en ribera.

Atalaya
donde mirar
tus crecidas.

Desde aquí
te conjuro,
amor mío.

Fluye leve,
con la luna
de mochila.

Eres hombre,
eres río,
agua sabia.

Guía de paz,
red de peces,
plancton plata.

No olvides
que te veo
y te beso.

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Luna descarada

Luna descarada
tras el edificio.
Se asoma despacio
al abandono, a la nada.

Engañada va
tras el niño
para encontrar
el escondite de las hojas.

Un beso anhela
de su amor frío.
Un roce sombrío,
torsión de dos cuerpos en vilo.

Ríe juguetona
de charco en charco.
Trucos de magia
sueña sobre la brisa del río.

Ya se despierta,
ojos hacia el infinito.
Surca océanos,
siembra estelas de polvo azul.

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El río del cielo

Una vez fui hambre de mar,
entre olivos y moras solía caminar,
y la vida, una lagartija,
troceada entre comidas,
no cesaba de multiplicarse y vibrar.

La ciudad y sus mentiras
me volvieron a engañar.
El mar quedaba lejos, muy lejos,
los neones no eran faros,
tampoco puerto ni final.

Elevé mil cantos de sirena
a los cuatro vientos del cielo, al mar.
Todo fue en vano. Abandoné la niña
entre prisas de amores vendaval,
dejando las puertas del alma sin cerrar.

Tumbada sobre piedras ardientes
mi mirada se volvió rastrojo quemado,
campo en barbecho dócil como el pan.
A la espera de una visión alucinante,
a la espera de un río en el cielo. El mar.

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Esta ciudad

Esta ciudad me duele en cada poro,
en cada mirada perdida, en cada beso furtivo.

Esta ciudad me quema los pasos,
la figura de esqueleto bajo mi floreado vestido.

Esta ciudad recuerda sus campos,
su anillo de compromiso verde, su no destino.

Esta ciudad se esconde en el humo,
tras el maquillaje de las aceras y cuchicheos del vino.

Esta ciuda me alimenta el Eros,
engorda mis contradicciones, me convierte en niño.

Esta ciudad juega con mis miedos,
parpadeo en su luz infinita, lloro su río.

Esta ciudad se tragará sus escudos,
su visión de neonato, su saludo de gato frío.

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