Delicada mente

Imagino tus manos
grandes y suaves
como madera recién pulida.

Los nudos en tu alma
desatan bajas pasiones,
pájaros anidan en tus melodías.

Una escalera de hiedra
me eleva hasta tu nube,
un cobertizo de sol y estrellas.

Tu voz húmeda de lodo
se aferra a la tierra,
salvaje caballo blanco doblegado.

A Nick Drake

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Verano

Grillos,
el aire caliente,
la piel quema la tierra.

Niños,
las madres confían
en veranos eternos.

Caos,
orden imposible
en la arena del mar.

Besos,
víctimas de la pasión,
las hormonas al viento.

Neón,
las luces rosadas
se pierden en la ciudad.

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Cielo de olas

Viví en unos ojos
que contemplaban
una tierra
cegada de paz.

Navegué el mar
que fue río
y antes furia
que quiso volar.

Icé mis alas
al todopoderoso
cielo de olas
y eché a nadar.

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Tengo problemas

Tengo problemas.
Tengo una nube gris en el pecho.
Tengo una voz que no llega al techo.
Tengo dramas.

Soy un país triste.
Soy una tierra dañada y débil.
Soy un lastre enfermo, febril.
Soy un chiste.

Quiero un milagro.
Quiero la catarsis del aire de los pobres.
Quiero la erosión de los viejos valores.
Quiero lo sacro.

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Salta

El camino que desciende al mar es escarpado. Tanto que te convertirías en gaviota solo para besar un instante esa furia espumosa. El cuerpo se paraliza y se clava en la tierra rojiza. No hay escaleras al cielo tampoco. El salto podría ser mortal. La carne se hace niño, miedo, placenta y cordón. Las raíces son pocas y gruesas. El promontorio aguantará otra embestida de olas. Cierras los ojos, el norte baila en tus oídos. Silba, pita, grita todo tu ser. Nunca serás uno con el mar.

Salta.

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