En ruinas

La noche me muestra sus ruinas,
su techo abisal,
las grietas alegres del paladar.

La noche termina de empacar.
Los ojos del ancla
la escoltan hasta el fin del mar.

La noche se desnuda de fronteras,
de banderas y sal.
Duerme el guarda su única verdad.

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Dentro de ti

Dentro de ti hay un país llamado Melancolía,
una patria deshojada de banderas,
una colina, un fuerte, una torre vigía
de una bahía del color de tus ojos chocolate.

Dentro de ti hay un domingo de abrazos
huérfanos, sepultados entre objetos perdidos.
Manos sobre el rostro para no ver el futuro
diseñado, emborronado, quebrado ya, sin pulso.

Dentro de ti hay un ahora inacabable,
infinito supurar de pasados indolentes,
de botines sin guardián, de hechuras improbables.
Canción a media voz de las almas detrás del Sol.

Para Pablo Sciuto

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A cubierto

Pónganse a cubierto
Los vivos y los muertos
La balanza lleva trucada siglos
Y así seguirá

Seamos livianos, imprescindibles
Hagamos un fuerte sin bandera
Desempolvemos los puños en alto
Del baúl de nuestros ancestros

Pongamos en peligro el horizonte
Despertemos los sueños
Hay que espabilarlos, hacerlos realidad
Azotarlos hasta arrancarles sonrisas

El rescate empieza por nosotros
Quememos las naves y velas
Nademos hasta naufragar lo vil
Surquemos la tierra hasta morir

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Equilibrios

Cuando no sabes por dónde empezar, lo primero que hay que hacer es mirar lo que se encuentra bajo tus pies. ¿Es el suelo una cuerda, un hilo de metal, un tejado, una nube, un camino, un río, un cuerpo sin vida?

Ahora abre los ojos. Ese suelo de madera, de gres, de cemento o esa hierba artificial, ¿te dan seguridad?

A mí la seguridad me la da mirar hacia mi brazo y mi mano extendidos y ver que no tiemblan. Sentir que puedo acumular muchas lágrimas mientras dibujo una sonrisa. Es pasarme horas deshaciendo nudos en el estómago. Cantando quedito. Mascullando mantras que invento solo para mí. Nanas de ultratumba como corteo fúnebre.

Luego viene abrir la ventana, dejarme inundar por el río de sonidos de la ciudad. Pienso que ninguno de esos ruidos lleva mi nombre y súbitamente todo es silencio. Sin embargo, una melodía permanece. Es una composición que varía de vez en vez, formada por todos los gemidos que mi piel puede recordar. Hay nuevos, viejos. Y cuando resuena, lugares en mi cuerpo erizan sus vellos como banderas plantadas reclamando su patria. Un roce, otra caricia, y amarán otro país, otro recuerdo, otra piel.

Miro hacia abajo y veo las copas de los árboles. Abro los ojos y veo mi delgado alambre de funámbula, y aire.

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