Un segundo después

Un segundo después,
la vida de ella paseó
detrás de todos los párpados.

Un segundo después,
un gavilán en el alfeizar
de la tenebrosa ventana.

Un segundo después,
la muerte era vida ciega,
hilván de amor de hermanos.

Un segundo después,
llegó silencio atronador
tras la última exhalación.

Un segundo después,
una comunión de lágrimas
hacia las aguas del cenote.

Un segundo después,
el descanso incalculable
de la natura que nos traga.

Seis segundos después,
vuelve la memoria guardiana
a su atalaya de plata.

Para Isabel Díaz

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Ojos rojos

¿Por qué lloras, criatura de sal?
¿No sabes que tus lágrimas nunca llegarán al mar?
No habrá comunión, entierro, ni boda la orilla.
Mas eres eterna, vida mía, y rojos, tus ojos, de tanto llorar.
Detén tu llantina, mira, allá hay un cielo que atardece y una quietud invernal.
Unos campos de trigo te quieren acunar.
Esta tarde sopla fuerte el viento, no se cansa de gritar:
¡Vuela alto, ven conmigo, más arriba, allá sobre las nubes,
el abrazo del sol no te soltará!
Y sabrás que no eres dueña de tu agua ni de tu carne mortal.
Y pedirás clemencia por los días malgastados en sollozos y suspiros.
¿No lo ves, mi niña? El perdón es la fuente, el principio y el final.

 

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Corazón deconstruido

El corazón se dirige allí donde espera no ser roto
A la tierra, al cielo, al mar entre ambos
A la comunión de los silencios, al espanto de ser

El corazón libre camina a latidos agigantados
En caminos inmunes al peso de los pasos
Saltando todas las barreras que él mismo se pone

El corazón que viaja ligero se mantiene joven
El corazón que ama sin dudas roza lo eterno
Sin trucos ni aspavientos, es uno y todo lo puede

Para Juana Pita

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