El quejido

Tiembla el mundo, alguien se levanta.
Sueña el hombre, todo seguirá igual.

Repta por los edificios un quejido ronco,
Desafía las leyes, las trampas, la gravedad,
Escupe sobre las farolas una lluvia fina de pesar.
Enemigo de las envidias, triste por edad,
Se sabe solo, ignoto, amargo, muy loco.

Pide una mano, o una sombra de cuerdo.
Espera un destello, o el final de su voz.

Asolea sus puños, siempre puestos en alto,
Desgarra las sábanas, rendiciones al viento,
Camina sobre tejas, antenas, tras los vicios de la ciudad.
Los que amó cuando niño, desnudo y lento
Devenir de ocasos y libros por escribir.

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Magia

Tú y yo creamos magia.
Hacemos desaparecer el mundo a nuestro alrededor. Abrimos las ventanas del alma cuando hace frío. Murmuramos nuestros nombres cuando la multitud grita. Nos perdemos en esta ciudad y naufragamos con sigilo. Anudamos las manos a nubes que escapan.
Cegamos los pozos con nuestras risas. Reverdecemos el desierto con nuestro sudor. Nos deleitamos en las horas que el resto engulle y escupe. Escondemos el odio en el pliegue de los sexos. Inventamos un asilo para las caricias abandonadas.
Nos equivocamos y borramos las yemas de los dedos. Pintamos una sonrisa arcoíris sobre los funcionarios sombríos. Nos enamoramos de la unión del día con la noche que nos atraviesa la piel. Nos besamos el corazón y despavorida la envidia huye.
Tú y yo somos magia.

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