Mujeres y hombres

Vamos a separar esta dualidad,
el sexo del amor
y el amor de la realidad.

Veo al animal agazapado,
atento al placer
que eriza la pared detrás suyo.

Los ojos buscan sensualidad,
las manos listas
a seguir mapas sin trazar.

Sin orgullo somos seres libres,
una mala caricatura
de las nubes tras el secuestro.

La mujer se eriza sigilosa
con púas de cristal,
no da tiempo al hombre a pensar.

La voluntad es débil o fuerte,
según la lógica fiel
de cada momento, de cada latido.

Dejemos de imitarnos de lejos.
Entre la vida y yo
hay cordones umbilicales secos.

De esas viejas ambiciones nuestras
solo el presente queda,
perdido en un río de emociones.

Unamos tu verdad y mi realidad,
y viceversa, con arte,
pues esta historia aún no salió a escena.

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Fortalezas

Algún día te contaré sobre la fortaleza que se deshizo en su propio foso.
De los esposos que murieron sofocados en su bello torreón de marfil.
De todo ese dolor que queda en nada, en brisa leve de playa sin mar.

Te contaré todas las veces que sangraron mi alma las agujas del tiempo.
De todos los hombres buenos que tiraron monedas al fondo de mi fuente.
De los deseos cumplidos, de las promesas reencarnadas en caricias.

Muy pronto verás en mi pecho la forma de todas las nubes que toqué.
De las delicadas subidas y bajadas del aliento de todos los amantes.
De la vida dichosa, de la luz que se perderá en una dedicatoria no escrita.

Y un día dejaremos en el bronce de las Parcas nuestra ofrenda de besos.
De los suplicados, los dados, los robados, de los paisajes sin lugar.
De toda la humedad de unos labios entreabiertos, a punto de morir.

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Alfama

Siempre encuentro las manos que recogen la ropa.
Desafío al vacío, a la desnudez de la calle.
Ventanas sueltas cogidas con pinzas.
Almas reunidas en palomares urbanos.

Mi peso descansa sobre un banco verde
Encadenado al árbol que mira cómo vuelas.
Le encargo a la señora que planche mi melancolía.
No hay paz en estas calles que quiera ser compartida.

Guiño al sol que me levanta la falda.
El mar se eleva, abre sus fauces la luna.
Desgarra el viento las horas y las dudas
De un invierno desencantado que soñó con ser niño.

Lisboa se protege la piel de mosaicos con lluvia.
Brilla sin espejos, se quiebra en silencio.
Regresa a la edad de plata, dormita.
Sufre de amnesia, remonta ríos por inercia.

Encabritados los hombres, reniegan de las mujeres.
Se concentran en manadas, se escudan tras el yugo.
Devoran con avidez los restos de un pasado
Que les encumbró a ciegas a lomos del mundo.

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