Jardín secreto

Se enredan las noches
en el perfume de los días.
Paseo de incógnito mis huellas
hacia el recodo más umbrío.

Me encierro allí, donde
la libertad es más húmeda,
donde raíces acarician mi pelo
y calman mi insomnio.

Son ya varias veces
que regreso fiel a mi cita
en el jardín secreto, a charlarme
hasta quedar dormida.

Es tan bello este sueño,
verde, tan fresco el crepitar
de lágrimas sobre alfombras de flores,
que no quiero despertar.

No quiero más amaneceres
en mitad de la noche, no más
flores cortadas en su plenitud, no más
secretos. Explosión de jardines.

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Hierba de noche

Juntaba los dedos en oración,
la tierra removida a sus pies
de tanto pensar.

El cielo movía sus ojos de luz
arriba y abajo buscando señales,
el hábito diario.

Reía la noche, la veía dormir
acurrucada en la raíz del sauce,
nudos de savia.

Por fin llegó la hora húmeda,
oscuridad nacida para escarbar,
hierba de noche.

Para Estefanía González

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Fortalezas

Algún día te contaré sobre la fortaleza que se deshizo en su propio foso.
De los esposos que murieron sofocados en su bello torreón de marfil.
De todo ese dolor que queda en nada, en brisa leve de playa sin mar.

Te contaré todas las veces que sangraron mi alma las agujas del tiempo.
De todos los hombres buenos que tiraron monedas al fondo de mi fuente.
De los deseos cumplidos, de las promesas reencarnadas en caricias.

Muy pronto verás en mi pecho la forma de todas las nubes que toqué.
De las delicadas subidas y bajadas del aliento de todos los amantes.
De la vida dichosa, de la luz que se perderá en una dedicatoria no escrita.

Y un día dejaremos en el bronce de las Parcas nuestra ofrenda de besos.
De los suplicados, los dados, los robados, de los paisajes sin lugar.
De toda la humedad de unos labios entreabiertos, a punto de morir.

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Parque

En el bosque civilizado,
un laberinto resuelto,
un cielo a la descubierta.

Trepan las hojas a las copas
vacías de significado, vulgares
sombras a media jornada.

Tierra yerma entre árboles
con fecha de caducidad.
Raíces a prueba de niños.

Y sigilosa la humedad
estática de los columpios
y toboganes viejos de felicidad.

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