Alfama

Siempre encuentro las manos que recogen la ropa.
Desafío al vacío, a la desnudez de la calle.
Ventanas sueltas cogidas con pinzas.
Almas reunidas en palomares urbanos.

Mi peso descansa sobre un banco verde
Encadenado al árbol que mira cómo vuelas.
Le encargo a la señora que planche mi melancolía.
No hay paz en estas calles que quiera ser compartida.

Guiño al sol que me levanta la falda.
El mar se eleva, abre sus fauces la luna.
Desgarra el viento las horas y las dudas
De un invierno desencantado que soñó con ser niño.

Lisboa se protege la piel de mosaicos con lluvia.
Brilla sin espejos, se quiebra en silencio.
Regresa a la edad de plata, dormita.
Sufre de amnesia, remonta ríos por inercia.

Encabritados los hombres, reniegan de las mujeres.
Se concentran en manadas, se escudan tras el yugo.
Devoran con avidez los restos de un pasado
Que les encumbró a ciegas a lomos del mundo.

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Anestesia global

En estos días revoltosos, juguetones, nos dejamos llevar por la inercia, pero nunca ganamos.
Las trampas están hechas para el que se arriesga a triunfar, no para el justo y ecuánime.
Nos hemos vuelto preciosistas de las imágenes desenfocadas. La claridad nos abruma. Nuestra candidez nos arrulla.
Sabemos dónde está la herida, dónde la sal, dónde el alcohol, dónde la gasa pero, ¿quién dará el primer paso?
No hay cura para la vileza de la ignorancia. Solo dolor y miradas al interior.
Dios nos espera en el fondo del precipicio. ¿Te lanzarás tú el primero?
Esta lucha contra todo es demasiado grande. Rompámonos. Dividámonos. Amemos el dolor hasta anularlo.
Vivamos anestesiados como hasta ahora o despertemos. Muy pronto o muy lejos, pero alertas.

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