Nombre y apellido

No quiero saber tu nombre,
me basta mirar la máscara,
la sonrisa en tu pecho,
tus lágrimas sin dueño.

No me digas tu apellido,
no me cuentes tu pasado
atropellado en cunetas
de caminos atravesados.

No quiero llegar al fondo,
donde tu aire me asfixie
o se hundan mis cimientos.
No, no quiero aunque debo.

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Padre

Padre, llevo muchos días
queriendo besar tu nombre.
Tu memoria me desgasta
la risa y la alegría.

Padre, no puedo vivir más
perdonando a un fantasma.
Te veo en todas partes,
mas no en las pupilas de lo amado.

Padre, escucha el torpe
grito del hilo de sangre.
Desenreda esta lluvia de sombras,
sopla en el remolino del viento.

Padre, borra ese círculo
perfecto que nos amordaza.
Veo ya tu débil sonrisa.
Ahora haz reír a los pájaros.

A Nicolás Pulido

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Sin vida

Hay más muerte que vida
silbándonos al oído.
Días llenos de sueños,
navegantes de océanos.

Horas pocas, luces tenues
al cerrar el cerebro.
Un camino de diamantes
sin tasar, sin valor.

La desidia nos gobierna
los átomos hinchados.
La rabia no es reciclable,
expira en nuestras yemas.

Seré un nombre sin vida,
testigo de danzas macabras
que se ocultan en la luna
junto a máscaras de piedra.

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Título opcional

Gustaba de nombrarse las cicatrices, arroparlas con letras, murmullos y música de caos. Recorrían sus yemas las orillas del dolor. Humectaba la soledad de cada día en un sobre de rutina. Disponía las voces de su cabeza en fila india frente al espejo. Enviaba a la guerra del sexo su maltrecho corazón. Sobrevivía a los estertores de amistades mortecinas. Limpiaba con su aliento el peldaño que había logrado subir. Vivía y no se dejaba vivir. Su título era opcional.

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