Se hace camino al amar

Se hace camino al amar,
se despliegan las manos al rozar
la levedad de una mirada sumergida
en dos pieles iluminadas de besos.

El amor es tierra de nadie,
encuentro y desencuentro de almas
bruñidas por la intemperie de lunas,
de soles; soliloquios de ida y vuelta.

Se hace camino al amar
los paisajes recién descubiertos,
las trincheras del viaje hacia la paz,
el guiño del horizonte entusiasmado.

El amor es utopía de huellas,
vientre preñado de la tierra por parir
hijos del ayer indómito, del hoy suspirado,
tumulto de ojos cegados del porvenir.

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Esa sustancia

No es un sueño, son tres puertas que no se abren.
La primera es la del prejuicio, el cerebro locuaz.
La segunda es la de la distancia, el corazón en paz.
La tercera es la del futuro, esa sustancia del bien.

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Amor al gris

Recibe este amor que me chorrea, asfalto.
Tú, el que no conoce fondo en sus poros
absorbe mi brea ungida en lágrimas
milenarias que olvidaron otros páramos.

Amor de cemento, amor de excremento,
lisiado y ciego y sordo en el grito.
Auxilio despiadado de ventana a ventana.
Luz simple que solo brilla en el silencio.

Instantes sin paz componen tu sinfonía.
Un degradado de grises a punto de volar
en formación marcial, un catre frío te espera.
O tú le esperas a él, pero esa es otra historia.

Te amo, me resbalo por ti, ciudad maldita
de ogros indies y princesitas de clase baja.
Sigue aceptándome, continúa ignorando
este amor banal puro relleno de sonrisas.

Estoy por ti, Madrid.

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Alfama

Siempre encuentro las manos que recogen la ropa.
Desafío al vacío, a la desnudez de la calle.
Ventanas sueltas cogidas con pinzas.
Almas reunidas en palomares urbanos.

Mi peso descansa sobre un banco verde
Encadenado al árbol que mira cómo vuelas.
Le encargo a la señora que planche mi melancolía.
No hay paz en estas calles que quiera ser compartida.

Guiño al sol que me levanta la falda.
El mar se eleva, abre sus fauces la luna.
Desgarra el viento las horas y las dudas
De un invierno desencantado que soñó con ser niño.

Lisboa se protege la piel de mosaicos con lluvia.
Brilla sin espejos, se quiebra en silencio.
Regresa a la edad de plata, dormita.
Sufre de amnesia, remonta ríos por inercia.

Encabritados los hombres, reniegan de las mujeres.
Se concentran en manadas, se escudan tras el yugo.
Devoran con avidez los restos de un pasado
Que les encumbró a ciegas a lomos del mundo.

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Torbellino

Y llegaste, torbellino de piel y viento,
arrasando los prejuicios y los errores,
volviendo agua los muros de las cuevas,
descendiendo al mar las plegarias de otro tiempo.

Y escalaste esta montaña de miedos,
piedra sobre piedra, mano sobre mano,
para pintar una nueva luna plena de colores
a imagen del arcoíris atrapado en una lágrima.

Y hablaste un lenguaje nuevo e indómito,
lleno de música en cascadas de silencio,
banda sonora de una paz que acalló los lamentos,
esos testigos sagrados del paso del tiempo.

Y estiraste los límites para medir nuestro abrazo,
inmenso, incontenible de sueños y profecías,
gozoso en la demora, exultante de esperas y ocasos.
Y aquí estás: sueño, cascada y viento en mi mano.

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