Pájaros en la cabeza

Me llega un grito de lejos,
de la tierra amordazada
que un día olvidó cómo carcajear.

Se resquebraja el espejo
al golpear la flor dormida
el sueño de los que olvidaron su muerte.

Recordamos, y somos menos
ya las raíces enclavadas
en la memoria perdida de nuestros padres.

Desando oscuros senderos.
Un grajo brilla en su huida,
alumbra la vereda nocturna al ayer.

El final, umbral de secretos
viejos, carne en estampida.
Claveles, rosas, puños rojos al atardecer.

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El quejido

Tiembla el mundo, alguien se levanta.
Sueña el hombre, todo seguirá igual.

Repta por los edificios un quejido ronco,
Desafía las leyes, las trampas, la gravedad,
Escupe sobre las farolas una lluvia fina de pesar.
Enemigo de las envidias, triste por edad,
Se sabe solo, ignoto, amargo, muy loco.

Pide una mano, o una sombra de cuerdo.
Espera un destello, o el final de su voz.

Asolea sus puños, siempre puestos en alto,
Desgarra las sábanas, rendiciones al viento,
Camina sobre tejas, antenas, tras los vicios de la ciudad.
Los que amó cuando niño, desnudo y lento
Devenir de ocasos y libros por escribir.

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