Zona de seguridad

Fuera de la zona de seguridad
Una torre de Babel de noticias
Nos informan que estábamos en peligro
Y que nos dejamos caer

Las heridas sangran y celebramos en el bar
Que no nos duelen porque son invisibles
Y mientras tanto nos miramos a los ojos
Ese, nuestro búnker anti-crisis

Cuatro, tres, dos, uno
Sigue el camino de flechas
Tú estás aquí, cada día menos persona
Más número divisible, quebrado y dual

Deja que los billetes fluyan
No hay era ni revolución que se les resista
Finánciate las vacaciones en el chalet de papá
En el otro lado ya desapareció el gras

Un obladí-obladá para antes de dormir
El sueño sigue en los altavoces de la disco
Y qué más hacer que sacar brillo a estas cuerdas
Enroscarse en ellas hasta vivir

No se está tan mal en la ciudad
Con ventanas al mar y a lo que pudo ser
Un huerto salvaje en cada patio
Nos devolverá la fe en nuestras manos

Busca fuera, mira dentro
Sigue el camino de flechas
Tú estás aquí, cada día menos persona
Más número divisible, quebrado y dual

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Equilibrios

Cuando no sabes por dónde empezar, lo primero que hay que hacer es mirar lo que se encuentra bajo tus pies. ¿Es el suelo una cuerda, un hilo de metal, un tejado, una nube, un camino, un río, un cuerpo sin vida?

Ahora abre los ojos. Ese suelo de madera, de gres, de cemento o esa hierba artificial, ¿te dan seguridad?

A mí la seguridad me la da mirar hacia mi brazo y mi mano extendidos y ver que no tiemblan. Sentir que puedo acumular muchas lágrimas mientras dibujo una sonrisa. Es pasarme horas deshaciendo nudos en el estómago. Cantando quedito. Mascullando mantras que invento solo para mí. Nanas de ultratumba como corteo fúnebre.

Luego viene abrir la ventana, dejarme inundar por el río de sonidos de la ciudad. Pienso que ninguno de esos ruidos lleva mi nombre y súbitamente todo es silencio. Sin embargo, una melodía permanece. Es una composición que varía de vez en vez, formada por todos los gemidos que mi piel puede recordar. Hay nuevos, viejos. Y cuando resuena, lugares en mi cuerpo erizan sus vellos como banderas plantadas reclamando su patria. Un roce, otra caricia, y amarán otro país, otro recuerdo, otra piel.

Miro hacia abajo y veo las copas de los árboles. Abro los ojos y veo mi delgado alambre de funámbula, y aire.

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