Noche en el bar

Se cuela la noche en el bar,
el bullicio sale a recibirla.
Cuelgan restos de nostalgia
de entre las copas de balón.

Llueve lento pero sin pausa.
En la puerta, el ficus-vigía
se estremece, sacude el frío.
La calle es un río tranquilo.

El aroma de café recién molido
se impone sobre los diálogos.
Una luz naranja tiñe el interior,
clareando soledades olvidadas.

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Buena gente, gente buena

En la ausencia de máscaras
nos adivinamos hermanos.
Enarbolamos defectos como bandera.
Y felices, tras saciarnos
de estrellas y nubes,
escondemos los colmillos
bajo el labio, con familiaridad.

Fuera, el mundo ruge.
Nos pide la vida
pagar peaje por esta paz
extraordinaria.
Nuestros cuerpos,
la piel, la luz,
la última meta y barrera.

Es preciso acallar
la paz de los buenos,
el silencio justo
de los inconformistas.
No vaya a ser que alguien
nos descubra
y nos señale con el dedo.

Forzados a regalar paz
solo a las almas que sobreviven
una, dos guerras.
No puede haber descanso
para los pacifistas,
ni perdón o absolución
para los omnipotentes de corazón.

Nuestro sino, es pues,
convertirnos
en los desheredados de Dios,
en los descastados
del rebaño.
Buena gente, gente buena,
pero solos.

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Tratado sobre la invisibilidad

Surge la duda
en el centro,
en el mismísimo centro
del silencio.

Chirría quejas
la puerta oxidada,
incontables pasos sin fin,
dos giros.

El piso tiembla,
miradas arriba,
no queda nadie ya abajo
que respire.

Cada cual será
ave ignorante,
le dedica a su espejo
guiños inquietos.

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Hechos

Hechos, dadme palabras.
Estoy sola ante vosotros,
dueños de vuestro destino y del mío.

Salida, muéstrame tu puerta.
Traigo el alma cansada
de merodear esta casa sin ventanas.

Viento, invítame a tu hogar.
Llevo alas inmaculadas,
amantes del sol y de la lluvia nuevas.

Navegante, súrcame la vida.
Abandono un silencio atroz
en cada puerto que no me ilumina.

Luna, escóndeme tu verdad.
Cubro mi melena de agua,
me agita cada mirada de mariposa.

En cada fractura, una cima.
En toda alma, la unión.
Hombre y mujer y rosa y espina viva.

Para Arturo Murguia.

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Soledad

Soledad es tener una patria que no te extraña,
es morir en brazos de un desconocido,
es mirar el mar y que paren las olas,
es escribir sobre papeles mojados,
es caminar en círculos de enemigos.

Soledad es un buffet de risas que no quieres escuchar.

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