Coraje

No soy víctima de esta sociedad,
pero esta suciedad me impregna el alma,
ciega mi coraje de crecer,
de ser humana sin aparentar.

Quien lo pone difícil es
ese ardor, esa rabia necia,
nacida de un útero inútil
mientras hilvano mis labios y callo.

Como la corriente del océano
que anhela la fugacidad del río,
así el agua dulce envidia el vaivén del mar.

Y en su encuentro
hay estrépito,
mas no felicidad.

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Vaivén

Hoy es el día del ritmo
El del vaivén de tu pecho
La aceleración de tu aliento
El compás de tus abrazos
El baile agazapado en tus células
El descenso y ascenso de tu alma

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Especial

¿Cuántas veces hemos confundido el querer a alguien con el esperar que ese alguien nos haga sentir especial?

El ahora te quiero, ahora ya no. Dicen que el amor es un mar de dudas. O sobrevive en él. No, es un vaivén. Es mirar a los ojos y no marearse mientras el agua en su arrastre se lleva las lágrimas de nuestros pies.

¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué ya no? ¿Por qué no dura más? Porque sí se estira, pero como el chicle pierde su sabor.

¿Qué buscamos en el otro? ¿Perder un poco de vista nuestro yo? Cerrar los ojos y reflejarnos en un espejo alucinante, un espejo que no sabe de edades, de arrugas, de defectos. Un espejo que nos acaricia la autoestima. Que nos lame la sinrazón. Y no hay un por qué.

Hoy te envuelvo con mi alma. Mañana seguramente te dará demasiado calor. Pasado mañana me pedirás que deje mi alma a tus pies. Y yo la doblaré, y la apoyaré sobre la mesilla. Seré solo cuerpo mientras dure el amor. Y al día siguiente me dirás que te falta luz. Desdobla tu alma, me dirás, y cúbreme con ella los poros abiertos para que no sangren más de frío mundano. Y yo la desdoblaré cuidadosamente y me cubriré con ella hasta hacerme invisible. Otra vez. Como cuando no había luz. Como cuando yo no.

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