Apocalipsis

La ciudad se sacude
el laberinto del lomo.
Las piezas se mueven
hasta ajustar la hora.

Los edificios se derriten,
ríos de agua sobre asfalto.
Quedan solo naufragios,
los turistas del miedo.

El apocalipsis ya pasó,
el fuego duerme ahora.
Y los pájaros insomnes
buscan nidos nuevos.

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Amor al gris

Recibe este amor que me chorrea, asfalto.
Tú, el que no conoce fondo en sus poros
absorbe mi brea ungida en lágrimas
milenarias que olvidaron otros páramos.

Amor de cemento, amor de excremento,
lisiado y ciego y sordo en el grito.
Auxilio despiadado de ventana a ventana.
Luz simple que solo brilla en el silencio.

Instantes sin paz componen tu sinfonía.
Un degradado de grises a punto de volar
en formación marcial, un catre frío te espera.
O tú le esperas a él, pero esa es otra historia.

Te amo, me resbalo por ti, ciudad maldita
de ogros indies y princesitas de clase baja.
Sigue aceptándome, continúa ignorando
este amor banal puro relleno de sonrisas.

Estoy por ti, Madrid.

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