La ciudad habla

Esta ciudad constipada
tose y escupe humo con alquitrán.
De ojos azules vidrio,
llora cual ciego vagabundo inmortal.
Su música de pisadas
inquieta el oído virgen de un bebé.
Duele su insomnio vulgar,
queman sus noches sin medida ni final.
La ciudad habla bajito,
congela su eco el trébol por brotar.
No desea epitafio,
solo un lecho de ruinas sin masticar.

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Horas cortas

Las horas cortas contigo
duran el pestañeo de un alma,
drogadas de sol y ternura
se deslizan por mis medias de red.

Ay, el brillo de unos ojos
ilumina la casa, y sus ratones
buscan otro hogar, más sombrío,
más húmedo, menos aireado.

Ya se cuela el primer rayo,
ya se abraza la luz con la noche que escapa
a otro continente,
a ser paño de lágrimas de estrellas bebé,
las sedientas de leche,
las hambrientas de tiempo.

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