La octava vida

Me quedé ahí plantada,
con los ojos cerrados
respirando abandono.

Con dos pasos invisibles
recorrí su historia,
me ahogué en su pena.

Escalones al olvido,
diecisiete paredes,
esqueleto del suspiro.

Un gato dulce sin alma
es ahora su dueño.
Lar de su octava vida.

Cae la mañana húmeda,
recuerda horas tibias,
el postrer giro de llave.

A la ciudad de Porto

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Cómo llegar

Es una visión dulce
no espantar al espejo.
Es una versión libre
de tu yo tenue, pálido.

La escucha sin vicios
de una noche por nacer.
El roce compartido
de almas a años luz.

El lado oscuro aparece
al cesar la mirada.
La basura emocional
son las ascuas de Dios.

Pisas un camino azul
que dejó atrás las nubes.
Dejas caer en lo inmóvil
esqueletos translúcidos.

Cómo girar la moneda
del lado menos costoso.
Cómo llegar a tu centro
sin romper todos los mundos.

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Esta ciudad

Esta ciudad me duele en cada poro,
en cada mirada perdida, en cada beso furtivo.

Esta ciudad me quema los pasos,
la figura de esqueleto bajo mi floreado vestido.

Esta ciudad recuerda sus campos,
su anillo de compromiso verde, su no destino.

Esta ciudad se esconde en el humo,
tras el maquillaje de las aceras y cuchicheos del vino.

Esta ciuda me alimenta el Eros,
engorda mis contradicciones, me convierte en niño.

Esta ciudad juega con mis miedos,
parpadeo en su luz infinita, lloro su río.

Esta ciudad se tragará sus escudos,
su visión de neonato, su saludo de gato frío.

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Fuego

Cada canción es un pedacito de alma dedicada. Al amor, al horror, al error.
¿Quién te dedicará una canción, amor mío?
¿Quién juntará las rimas que avivan tu corazón?

El fuego siempre está por hacerse, nunca se termina. Déjame ser tus ascuas, reminiscencias de luces lejanas. Quemar las fronteras que separan las manos. Juntarte los labios con palabras recién recogidas de mi lecho. Beber las melodías que brotan de tu pecho. Dormirnos las espirales hasta que se estiren en luz y camino. Déjame ser tu cuaderno de notas rasgadas y disonantes. La inconclusión de todas tus historias proyectadas. Déjame ser borrador, boceto, esquema, esqueleto y proyecto. Déjame ser el fuego fatuo sobre tu tumba.

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La libreta

Más de veinte años. Y la mierda sigue flotando.
Más agua, muchas lágrimas después, y las letras que no se ahogan.
Un bolsillo interior de un abrigo pasado de moda. Un doble fondo de raso.
El silencio se había quedado en su garganta a vivir.
Nombres de mujer. Dolorosos de pronunciar en cualquier otra boca. Números. Fechas. Lugares.
El esqueleto de un diario amoroso.
Un antifaz triunfal hecho confetis en la papelera.
Una cerilla, un fuego que jugó a desordenar nombres y a emparejarlos en placeres inimaginables.
El descubrimiento fue la imposibilidad de no cambiar el curso de la memoria.
El fuego fue el cómplice. Y la alquimia lo transportó con su alma.
Ya no habrá más dolor, solo el que la imaginación permita.
Ojos cerrados por amor.

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