Jaula de estrellas

Picoteo la noche
como pájaro enjaulado.

Engullo estrellas
que derriten mis entrañas.

El fuego del universo
no sabe de relojes.

La duna gira a medianoche,
el cielo regresa a su cero.

Nuestras manos se entrelazan,
escriben un firmamento sin faltas.

En el principio y en el final,
la vida dentro, la vida quema.

Todo late en el espacio fuera,
un corazón caverna de desiertos y penas.

Pintemos los barrotes de azul nube,
miremos el abismo con la risa en las manos.

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La ola

¿Sabe la ola que es poesía para el mar?
Cada espuma, un susurro.
Cada embestida, un nuevo final.

¿Sabe la ola que su viaje es eterno?
Hacia un nirvana húmedo.
Hasta el osario de horizontes.

¿Sabe la ola que no hay palabras que la contengan?
Que la luna es su brújula,
y que la orilla solo es un eco más.

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Pájaros en la cabeza

Me llega un grito de lejos,
de la tierra amordazada
que un día olvidó cómo carcajear.

Se resquebraja el espejo
al golpear la flor dormida
el sueño de los que olvidaron su muerte.

Recordamos, y somos menos
ya las raíces enclavadas
en la memoria perdida de nuestros padres.

Desando oscuros senderos.
Un grajo brilla en su huida,
alumbra la vereda nocturna al ayer.

El final, umbral de secretos
viejos, carne en estampida.
Claveles, rosas, puños rojos al atardecer.

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Amor dice

Amor dice que echa de menos estar dentro de mí.
Amor sueña con verse reflejado en mi sonrisa.
Amor quiere volver a tocar a través de mis manos.
Amor anhela saberse imprescindible.

Amor, ya no me uses más. Yo jamás te dejé olvidado en el cajón de los calcetines. No me reproches, no me grites, no me hables, no me susurres al oído. Busca otro cuerpo, otra mirada hecha túnel, otra luz al final de otro amor. Pierde el tiempo en otro laberinto. Derriba otro muro virgen. Sigue la estela de cualquier lágrima. Déjame sola, vacía, informe. Suéltame tal y como me encontraste.

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