Cae la nieve.
Hojas en blanco que nadie escribirá.
El frío se peina las huellas resecas.
En la noche la tierra busca a tientas
al poeta ciego que escriba su alegría.
Gime la luz.
Cae la nieve.
Hojas en blanco que nadie escribirá.
El frío se peina las huellas resecas.
En la noche la tierra busca a tientas
al poeta ciego que escriba su alegría.
Gime la luz.
Vagan mis ojos lentos
al paso de las hojas.
Hojas de un fiel blanco,
paraíso de poetas.
El cielo doma la tarde,
la estira, masca, doblega.
La noche espera su turno
sobre las margaritas desnuda.
Me quiere, no me quiere,
la vida en un pétalo.
Una masacre alba sin sentido,
un pasatiempo en los labios.
El trabajo, las horas de hoy,
se vuelven agua en el erial.
Fino equilibrio de sudor y solaz
para el alma que siembra su paz.
La nueva hoja despliega su ala,
reza, implora a la nube que caiga
con toda su fuerza y estruendo,
que la acaricie y no se distraiga.
Una lágrima cae y horada la tierra,
se calma el deseo, el río descansa.
Allá en el cielo la piedra ensancha,
colmada con nuestros tropiezos.