Sin embargo

Pareciera que vago,
sola y desconsolada,
por la vida y por las calles.

Pareciera que respiro
algo que se le parece
al aire, al viento de Lavapiés.

Pareciera que estoy,
entera de piel y huesos,
mientras las huellas me siguen.

Pareciera que vuelo
en las horas sin amparo,
bajo músicas y nubes de cristal.

Y sin embargo
nada de lo que parece es,
ni pasos o viento, ni mi tiempo aquí.

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Dios dirá

«Compré mi casa cuando aún era alguien. Mi familia me tiene vigilada. No me dejaron entrar en la habitación. No, no puedes entrar en esa habitación. No insistas».

¡Cuántos vecinos!, musita minutos después la señora sentada junto a mí en el autobús. Su mirada perdida en la gigantesca mole que vigila el Manzanares desde Puerta del Ángel. Muchos vecinos, sí. Muchas personas. Quién sabe, ella podría haber vivido ahí en su juventud o en su madurez, cuando aún recordaba quién era y adónde quería llegar. Ahora, sola, abrigada hasta las cejas  con su bufanda gris y sus guantes de lana, bajo el sombrero de fieltro negro se acomoda en el autobús que pasó primero por su parada. El que le pareció más fácil para subirse en él. El que llegaba más a ras de suelo para no tener que valerse de su bastón, y Dios dirá.

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Bailén, 12

Silencioso,
altivo y señorial,
dominaba todos sus vecinos
con raíces antiguas borrachas de sol.

Cada día
a la virgencita
le pedía los chismes del barrio.
Ella, cual paloma, alzaba el vuelo.

Bendecía
el verde siestero
y los flashes de turistas sin fe
que rasgaban la superficie del alma.

Enterradas,
las fiestas del dolor
resurgían cada cumpleaños
de aquellos que no quisieron querer más.

Chicos, chicas,
nubes en el vidrio,
flores, pasos sobre el viaducto,
alas suspendidas de esperanzas.

Está solo,
bastión del recuerdo,
de la memoria de las lápidas
que se formaron en mitad del salto.

Le vi salir,
transparente y gris.
Llevaba el abrigo a juego
con el edificio que dejaba atrás.

Vagabundo
en su propia casa,
recogía migas de sonrisas,
retazos de vida azul que masticar.

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El lado oscuro

El lado oscuro del corazón
Ve crecer las sombras sin ti.

El lado oscuro de la razón
Te ama a ciegas, destila brea.

El lado oscuro de Madrid
Te envidia el sueño bajo los puentes.

El lado oscuro de mí eres tú,
Ave de paso a contracorriente de la bandada.

El lado oscuro de ti soy yo,
Duda caída del nido, silencio y emoción.

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Amor al gris

Recibe este amor que me chorrea, asfalto.
Tú, el que no conoce fondo en sus poros
absorbe mi brea ungida en lágrimas
milenarias que olvidaron otros páramos.

Amor de cemento, amor de excremento,
lisiado y ciego y sordo en el grito.
Auxilio despiadado de ventana a ventana.
Luz simple que solo brilla en el silencio.

Instantes sin paz componen tu sinfonía.
Un degradado de grises a punto de volar
en formación marcial, un catre frío te espera.
O tú le esperas a él, pero esa es otra historia.

Te amo, me resbalo por ti, ciudad maldita
de ogros indies y princesitas de clase baja.
Sigue aceptándome, continúa ignorando
este amor banal puro relleno de sonrisas.

Estoy por ti, Madrid.

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