Luna descarada

Luna descarada
tras el edificio.
Se asoma despacio
al abandono, a la nada.

Engañada va
tras el niño
para encontrar
el escondite de las hojas.

Un beso anhela
de su amor frío.
Un roce sombrío,
torsión de dos cuerpos en vilo.

Ríe juguetona
de charco en charco.
Trucos de magia
sueña sobre la brisa del río.

Ya se despierta,
ojos hacia el infinito.
Surca océanos,
siembra estelas de polvo azul.

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Día con mar

Sueños sin dientes
Palabras sin eco
La lluvia que espera
Que acabe el asueto

Dulces los ojos
De cacao y almendra
Duermen sin pausa
Se aleja el espejo

Somos un día con mar
Susurro de sirenas
Gozo para las gaviotas
Embate de olas insomnes

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Se hace camino al amar

Se hace camino al amar,
se despliegan las manos al rozar
la levedad de una mirada sumergida
en dos pieles iluminadas de besos.

El amor es tierra de nadie,
encuentro y desencuentro de almas
bruñidas por la intemperie de lunas,
de soles; soliloquios de ida y vuelta.

Se hace camino al amar
los paisajes recién descubiertos,
las trincheras del viaje hacia la paz,
el guiño del horizonte entusiasmado.

El amor es utopía de huellas,
vientre preñado de la tierra por parir
hijos del ayer indómito, del hoy suspirado,
tumulto de ojos cegados del porvenir.

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Alborada

Duerme la aurora acurrucada en mi almohada
Me inunda con sus rayos, me ve desmejorada
Llora lágrimas lentas, suaves, esperando la alborada
La beso, me mojo, un sonrojo en mi tez helada

Sigue mi camino de sueños, toda alborotada
Una niña visionaria, una rayuela atolondrada
¿Y si pudiera llevarla conmigo?
Toda la fe que detesto es la que me sirve de abrigo

Ni el Bien ni el Mal me perdonaron no ser sus amigos
La soledad, la gravedad, son siempre mi destino
Días sin luz, noches encendidas iluminan mi castillo
Allá mis vísceras, mis despojos, cuelgan de tu pico

Damisela de rizos, desciende de la noche cabalgadura
Suelta las riendas de la bestia, los hilos de seda, las ataduras
Asómate al espejo de otros ojos, al abismo de las conjeturas
Solo ahí, sobre un manto de margaritas, serás pura

El beso que el pétalo le roba al rocío, excelsa caricia desnuda
Destroza los parámetros volubles, es alquimia que cura
Un alma, dos almas, un millón de almas, lo que abarca el mundo
En su ir y venir entre galaxias perdidas, en su viaje iracundo

¿A dónde vas, muchacha, con las pupilas siempre en lo profundo?
Tu vida se puede quebrar en el espasmo de un segundo
Así que elige un tono de verde con el que tapizar la sombra del muro
Resguardo de tu lecho mortal, huerto de todos los poemas tuyos

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Ojos rojos

¿Por qué lloras, criatura de sal?
¿No sabes que tus lágrimas nunca llegarán al mar?
No habrá comunión, entierro, ni boda la orilla.
Mas eres eterna, vida mía, y rojos, tus ojos, de tanto llorar.
Detén tu llantina, mira, allá hay un cielo que atardece y una quietud invernal.
Unos campos de trigo te quieren acunar.
Esta tarde sopla fuerte el viento, no se cansa de gritar:
¡Vuela alto, ven conmigo, más arriba, allá sobre las nubes,
el abrazo del sol no te soltará!
Y sabrás que no eres dueña de tu agua ni de tu carne mortal.
Y pedirás clemencia por los días malgastados en sollozos y suspiros.
¿No lo ves, mi niña? El perdón es la fuente, el principio y el final.

 

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