Revisita

Duerme en mis ojos tu prisión
Las cadenas de tu olor
Sigue, por favor
Hasta que no duela el mar
Océano que no puedo cruzar
Que engulla mis lágrimas de sal
El sacrificio de amar

Sigo tus pasos sin pensar
Viste de olvidos y algodón
Este fantasma corazón
Toda la noche por vagar

El mundo en un puño por abrir
No falta más por pedir
Que una noche a esta canción
Sueña despierta nuestra voz
Deja suelto el corazón
Que no sabe donde ir
Y en tu sombra se cegó

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Segundo piso

Era un rellano muy transitado. Ocho ojos, cuatro puertas. Ella bajaba su soledad a pasear. Él subía a tender sus retales de alma al sol.

La rutina que descendía por los peldaños esperaba paciente en el zaguán a que alguien le abriera la puerta para escapar calle abajo.

Ella miraba sus pasos acompasados. Él clavaba la mirada ansiosa en el techo. Se olisqueaban sin querer al cruzarse en el rellano.

«¿Me enciendes la luz de la escalera cuando se apague, por favor? Llevo las manos llenas de tanto pesar».

«Claro», dijo ella. «Espera que suelto el mío».

Y se miraron por primera vez. En el segundo piso.

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