Alborada

Duerme la aurora acurrucada en mi almohada
Me inunda con sus rayos, me ve desmejorada
Llora lágrimas lentas, suaves, esperando la alborada
La beso, me mojo, un sonrojo en mi tez helada

Sigue mi camino de sueños, toda alborotada
Una niña visionaria, una rayuela atolondrada
¿Y si pudiera llevarla conmigo?
Toda la fe que detesto es la que me sirve de abrigo

Ni el Bien ni el Mal me perdonaron no ser sus amigos
La soledad, la gravedad, son siempre mi destino
Días sin luz, noches encendidas iluminan mi castillo
Allá mis vísceras, mis despojos, cuelgan de tu pico

Damisela de rizos, desciende de la noche cabalgadura
Suelta las riendas de la bestia, los hilos de seda, las ataduras
Asómate al espejo de otros ojos, al abismo de las conjeturas
Solo ahí, sobre un manto de margaritas, serás pura

El beso que el pétalo le roba al rocío, excelsa caricia desnuda
Destroza los parámetros volubles, es alquimia que cura
Un alma, dos almas, un millón de almas, lo que abarca el mundo
En su ir y venir entre galaxias perdidas, en su viaje iracundo

¿A dónde vas, muchacha, con las pupilas siempre en lo profundo?
Tu vida se puede quebrar en el espasmo de un segundo
Así que elige un tono de verde con el que tapizar la sombra del muro
Resguardo de tu lecho mortal, huerto de todos los poemas tuyos

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Esta ciudad

Esta ciudad me duele en cada poro,
en cada mirada perdida, en cada beso furtivo.

Esta ciudad me quema los pasos,
la figura de esqueleto bajo mi floreado vestido.

Esta ciudad recuerda sus campos,
su anillo de compromiso verde, su no destino.

Esta ciudad se esconde en el humo,
tras el maquillaje de las aceras y cuchicheos del vino.

Esta ciuda me alimenta el Eros,
engorda mis contradicciones, me convierte en niño.

Esta ciudad juega con mis miedos,
parpadeo en su luz infinita, lloro su río.

Esta ciudad se tragará sus escudos,
su visión de neonato, su saludo de gato frío.

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El quejido

Tiembla el mundo, alguien se levanta.
Sueña el hombre, todo seguirá igual.

Repta por los edificios un quejido ronco,
Desafía las leyes, las trampas, la gravedad,
Escupe sobre las farolas una lluvia fina de pesar.
Enemigo de las envidias, triste por edad,
Se sabe solo, ignoto, amargo, muy loco.

Pide una mano, o una sombra de cuerdo.
Espera un destello, o el final de su voz.

Asolea sus puños, siempre puestos en alto,
Desgarra las sábanas, rendiciones al viento,
Camina sobre tejas, antenas, tras los vicios de la ciudad.
Los que amó cuando niño, desnudo y lento
Devenir de ocasos y libros por escribir.

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Oscuras mañanas

Miro el silencio a los ojos
Gana seguro
Siempre pestañeo palabras.

Quiero hablarle de vos
De tu nube
Los paisajes que muestras.

Sueño de rostros abiertos
Sonrisa fácil
Puño enamorado a rastras.

Recuerdo un vacío de poros
Abrazo partido
Una piel para cada acera.

Mato el yo que duerme solo
Forma confusa
Melaza de oscuras mañanas.

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Fortalezas

Algún día te contaré sobre la fortaleza que se deshizo en su propio foso.
De los esposos que murieron sofocados en su bello torreón de marfil.
De todo ese dolor que queda en nada, en brisa leve de playa sin mar.

Te contaré todas las veces que sangraron mi alma las agujas del tiempo.
De todos los hombres buenos que tiraron monedas al fondo de mi fuente.
De los deseos cumplidos, de las promesas reencarnadas en caricias.

Muy pronto verás en mi pecho la forma de todas las nubes que toqué.
De las delicadas subidas y bajadas del aliento de todos los amantes.
De la vida dichosa, de la luz que se perderá en una dedicatoria no escrita.

Y un día dejaremos en el bronce de las Parcas nuestra ofrenda de besos.
De los suplicados, los dados, los robados, de los paisajes sin lugar.
De toda la humedad de unos labios entreabiertos, a punto de morir.

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