Lomo de dragón

Toda ella es una curva serrada,
dientes viejos de sonrisa precoz,
boca que todo lo engulle y que nada oculta.

En ella cada camino es un desvío,
una invitación a mirar lento,
a respirar antes de caer en su mordida.

Esta bestia te atrapa en su centro,
corazón vetusto de lava y alma negra,
para cargarte después en su lomo de dragón.

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10 minutos

Me faltan 10 minutos de tiempo.

Le sobran excusas al reloj,
aceite a las manecillas,
orden a los números romanos.

Rezo para que la tierra pierda fuelle
en su rutinario giro,
y que el sol decida echarse una siesta.

También le faltan nubes a los colchones
y alfileres al desierto.

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Todo en orden

Amo las sombras
como parte de la luz que se resiste.

Amo esta ciudad
que te regala la paz de un amanecer
y te arrebata,
diez minutos después,
la esperanza y la vida.

Aún así,
todo en orden.

El silencio entre un padre y un hijo
que bajan juntos a desayunar.
Los sueños de gloria y riquezas
de una señora que apuesta su pensión
en las máquinas tragaperras del bar.
La mirada ciega del camarero
que no sabe qué día es hoy.

Hoy no es día de partido.
Hoy no ha habido sucesos que comentar.
Hoy es un día para olvidar.

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Retrato de mar

El acantilado de carne llegaba hasta la playa,
la hacía suya ondulándose y curvándose
sobre las dunas.

Su pelo, olas antiguas que, saltarinas, llegaban
del epicentro mismo de todos los océanos.
Despeinado apenas.

Suave, tibio y atemporal, cual arena recién mojada
por los primeros rayos de sol del nuevo día.
Moreno de sal.

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Camino sin ruido

Hay un camino sin ruido
en el que no estoy.
Uno sin peso ni calor.
En el que el frío en su transparencia acalla todos los gritos.

Hay una vereda verde donde
el agua moja los pétalos
en su desnudez impía.
Vereda que se lanza en una curva de largas luces tangentes.

Hay una senda de paz
transitada por nadie,
imaginada por todos.
Una bajo nuestros pies que, en vez de recorrer, pisoteamos.

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