Nunca duermo sola

Nunca duermo sola.
Estás tú, que no estás.
Está la distancia que nos abraza.
Se quedó el último suspiro de tus ojos.
Escucharé por siempre tu silencio azul sobre mi almohada.

Estás tú en mí.
Te respiro en el horizonte.
Nunca sueño sola.

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De sombras

Amo las sombras.
Amo la forma de las sombras.
Amo la sombra de lo que ya no está.
Amo la sombra que aún no nace.

Amo la sombra cuando te sueño.
Amo tu roce sobre mi sombra.

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Vida diamante

No necesitaré ruedas
para alejarme del miedo.
No necesitaré alas
para cubrir estos anhelos.
Ya están mayorcitos,
y el abismo con su ceguera les mostrará el camino.

El hilo que nos unía
perdió uno de sus cabos.
La vida diamante
volverá a su meteorito.
Lo tenso no sabe morir,
ni los vivos sabremos nunca arrancarnos el corazón.

De todos los insultos
recordaré los que callaste.
Así todos los besos
hallarán su espejo deformador.
Cóncavos y convexos, los sexos beberán gasolina hasta saciarse.

Nota mental: mojemos todas las cerillas.

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Montaña y mar

De esas caricias sin roce,
dame mil.

Déjame despeinar,
el orden de tus rizos de sal.

Desde lo sagrado de tus honduras,
perdóname.

Me atrevo
a besarte en la locura de tu tempestad.

Somos hermanos antiguos del cosmos,
montaña y mar.

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Menos que nada

Sobrevivirá, dicen, el más temerario.

Los jóvenes se mueren por nuevas experiencias
mientras se imbecilizan con la sensación fatal.
Los viejos en bancarrota mueven sus hilos fofos,
dados de sí por el atropello banal de la confusión.
Los musculosos exprimen su día de domingo
cantando victoria en karaokes sin público.

¿Qué saborearán los ciegos sin olfato?
¿Qué prisión prefieres para tu jubilación?

La charca con ranas se vació de mirones y ya
la luna se refleja en los ojos a punto de llorar.

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