El muelle

El muelle separó la sombra de mi alma,
el mar unió nuestros corazones navegantes,
se hizo el sol de noche, el espejo flotante.

Eran las olas las risas del agua,
fueron los pescadores los magos del océano,
ilusionistas entre la vida y la muerte.

Buscaba el faro amantes que sorprender
en un beso húmedo, en su altar de algas,
buscaba el faro un horizonte de luz.

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Vibraciones

Vibran las dunas
tan lejos del sol,
amantes del mar.

Sonríe el piano
al intacto sudor
de un beso de miel.

Dulces las notas
perdidas del viento,
retoños de nubes.

Vacíos perfectos,
sinónimos del más allá,
alumnos de la nada.

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Insomnio

No puedo dormir.
Es triste, pero no puedo dormir.
El mundo afuera vibra, y bebe.
Y yo aquí dentro, buscando el principio del fin.

No puedo dormir.
Insomnio ya, unas nubes roncan
Sobre mí a toda velocidad.
La tinta corre y deshace los sueños que no serán.

No puedo dormir.
Duele tanta consciencia.
Duele que me falta demencia,
Una excusa por inventar para llevar a urgencias el corazón.

No puedo dormir.
Soy transparente y engaño
A la noche, a las sombras, al yo,
Al sol que me negó su voluntad de calor, y de frío me hirió.

No puedo dormir.
Soy básica, universal,
Mujer soñadora de piel.
Esperaré a que todos seamos translúcidos, esperaré al día llegar.

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Ojos rojos

¿Por qué lloras, criatura de sal?
¿No sabes que tus lágrimas nunca llegarán al mar?
No habrá comunión, entierro, ni boda la orilla.
Mas eres eterna, vida mía, y rojos, tus ojos, de tanto llorar.
Detén tu llantina, mira, allá hay un cielo que atardece y una quietud invernal.
Unos campos de trigo te quieren acunar.
Esta tarde sopla fuerte el viento, no se cansa de gritar:
¡Vuela alto, ven conmigo, más arriba, allá sobre las nubes,
el abrazo del sol no te soltará!
Y sabrás que no eres dueña de tu agua ni de tu carne mortal.
Y pedirás clemencia por los días malgastados en sollozos y suspiros.
¿No lo ves, mi niña? El perdón es la fuente, el principio y el final.

 

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Testamento

En mi testamento dejaré
todas las palabras que no quisiste oír,
todo el sudor de mis uñas
y las lágrimas de mi vientre.

Todo lo que puedo legar
cabe dentro de una caricia palpitante,
una armadura de piel,
un eco de buenos días.

Mi última voluntad será
que tu silencio escuche mi postrer aliento,
viento de flores caducadas
en jaulas doradas por el sol.

En mi próxima vida veré
el fondo del mar que no me atreví a cruzar,
los tesoros ocultos detrás
de la sombra de tus ojos.

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