Vibran las dunas
tan lejos del sol,
amantes del mar.
Sonríe el piano
al intacto sudor
de un beso de miel.
Dulces las notas
perdidas del viento,
retoños de nubes.
Vacíos perfectos,
sinónimos del más allá,
alumnos de la nada.
Vibran las dunas
tan lejos del sol,
amantes del mar.
Sonríe el piano
al intacto sudor
de un beso de miel.
Dulces las notas
perdidas del viento,
retoños de nubes.
Vacíos perfectos,
sinónimos del más allá,
alumnos de la nada.
Miro el silencio a los ojos
Gana seguro
Siempre pestañeo palabras.
Quiero hablarle de vos
De tu nube
Los paisajes que muestras.
Sueño de rostros abiertos
Sonrisa fácil
Puño enamorado a rastras.
Recuerdo un vacío de poros
Abrazo partido
Una piel para cada acera.
Mato el yo que duerme solo
Forma confusa
Melaza de oscuras mañanas.
Siempre encuentro las manos que recogen la ropa.
Desafío al vacío, a la desnudez de la calle.
Ventanas sueltas cogidas con pinzas.
Almas reunidas en palomares urbanos.
Mi peso descansa sobre un banco verde
Encadenado al árbol que mira cómo vuelas.
Le encargo a la señora que planche mi melancolía.
No hay paz en estas calles que quiera ser compartida.
Guiño al sol que me levanta la falda.
El mar se eleva, abre sus fauces la luna.
Desgarra el viento las horas y las dudas
De un invierno desencantado que soñó con ser niño.
Lisboa se protege la piel de mosaicos con lluvia.
Brilla sin espejos, se quiebra en silencio.
Regresa a la edad de plata, dormita.
Sufre de amnesia, remonta ríos por inercia.
Encabritados los hombres, reniegan de las mujeres.
Se concentran en manadas, se escudan tras el yugo.
Devoran con avidez los restos de un pasado
Que les encumbró a ciegas a lomos del mundo.
Dispuesta a encontrar
Me perdí en tu voz
Esa que discurre
Los ríos de tu memoria
Dispuesta a cruzar
Encontré el redil
Verde y azul
De los sueños perdidos
Dispuesta a volar
Quemé las huellas
Sombras de noche
Lumbre azul de galaxias
Dispuesta a empezar
Retorcí el corazón
Vacío y seco ya
Sobre un altar de ánimas
Dispuesta a amar
Jugué a ser niña
Con tiza otra vez
Delinear mis orillas de sal
Tarde de domingo. Sobremesa. Bajo lámparas de luz difusa.Terciopelo rojo nos acoge. Una música que cesó en el tocadiscos nos mece.
Yo me muerdo las ganas de dormir mientras me aferro a tu nuca.
Tú me llevas atrás en el tiempo como buen trovador aventurero.
Este lugar es nuestro aunque esté repleto de otras almas y más miradas.
Dos cafés. En dos tiempos. Dos vacíos. A dos calores. El color se queda dentro. El amor se empeña en besar el vidrio.